BENDICIENDO A LOS QUE TE MALDICEN
(Mateo 5:43-48)
No hay otro tema más importante que el de relaciones humanas.
Dios está creando una familia de creyentes que vivirán eternamente juntos. Por eso Dios desea que vivan amándose unos a otros y a su prójimo. La familia de Dios nunca debe permitir que el odio, entre a sus corazones, no debiendo tratar a ninguno como enemigo.
1. EL AMOY Y EL ODIO (v. 43).
Israel cometió dos errores al interpretar esta ley:
1.1 “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lv. 19:18). Los israelitas dijeron que “prójimo”, se refería solamente a las personas de su propia comunidad, religión y nación.
1.2. Concluyeron que debían “aborrecer a sus enemigos”, porque Dios dijo “Ama a tu prójimo” y ellos razonaron y agregaron “Aborrece a tu prójimo”. La razón humana realmente conduce a una persona a pensar que debe oponerse y aborrecer a su enemigo.
REFLEXION
Muchos cometen el mismo error de Israel, interpretan “prójimo” como refiriéndose únicamente a sus amigos, nunca piensan en los enemigos o en el mundo como un todo en términos de su prójimo.
2, AMAR A LOS ENEMIGOS (v. 5:44)
2.1. Amar a nuestros enemigos es contra la naturaleza humana. El comportamiento de la naturaleza humana es reaccionar, devolver el golpe, aborrecer y desear el mal. Existe una cosa que el creyente puede tener para su enemigo: misericordia o compasión.
2.2. Bendecir a quienes lo maldicen al creyente. Cristo nos dice que le hablemos suavemente al que maldice (Pr. 15:1). Usar palabras amables, amistosas, ser cortes; no los condenes o ataques con lenguaje amargo o abusivo (1P. 3:9). Maldecir es un grave pecado (Sgto. 5:12).
2.3. Has bien a quienes te aborrecen. La mayor prueba de amor es “hacer el bien a quienes aborrecen” (Lc. 6:27).
2. 4. Orar por los que a uno persiguen. Existen tres cosas por las que hay que orar:
a. Que Dios perdone al perseguidor.
b. Por la paz entre perseguido y perseguidor.
c. Por la salvación o corrección del perseguidor.
La oración por el perseguidor beneficia grandemente al perseguido, le evitará que el creyente se vuelva amargado, hostil, reaccionario.
El amor cristiano hacia su enemigo acepta el amor que siente por su familia.
El amor ágape es el amor de Dios, el creyente solamente puede tener amor ágape si permite que Dios ame a través de Él, Dios lo capacita para hacerlo.
3. INCENTIVO PARA AMAR A LOS VERDADEROS PROJIMOS (vv. 5:45-47)
Nadie puede mirar la naturaleza de Dios y aprender aborrecer.
El incentivo es triple:
3.1. El amor convierte a la persona en hijo de Dios. El amor es una prueba inequívoca de que la persona verdaderamente ama y conoce a Dios. Un creyente no puede aborrecer a otra persona, no si es un verdadero creyente (Jn. 4:19-21, 1 Jn. 3:23).
3.2. El amor hace que una persona sea semejante a Dios. Dios ama a sus enemigos. Hace que el sol salga y la lluvia caiga sobre sus enemigos y sobre los que le aman (Mt. 5:48, 1 Ti. 6:11).
3.3. El amor hace que una persona sea distinta a las otras. Un creyente tiene que hacer más que otros. Cualquiera ama a sus amigos, entonces, haciendo más y yendo más allá significa que el creyente va a amar a sus enemigos.
4. EL MANDATO DE SER PERFECTOS (v. 48)
El mandato es “Sed, pues, perfectos”
4.1. La idea es la de un propósito perfecto. Perfección no significa perfección de carácter, es decir ausencia de pecado.
Perfecto es preparación, madurez para una tarea y un propósito. Es pleno desarrollo, madurez en la piedad (Ef. 4:12-16; Fil. 3:12-16; 1 Jn. 1:8-10).
4.2. La Biblia revela tres etapas de perfección
a. Perfección salvadora. La muerte de Cristo ha garantizado para siempre la perfección o redención de los apartados para Dios (He. 10:14).
b. Perfección progresiva. Dios revela todo lo que es contrario a su propósito, y se espera del creyente que lo quite (Fil.3:13-15).
c. Perfección redentora o resucitada. El propósito y la meta del creyente es llegar “a la resurrección de los muertos (Fil. 3:10-12).
4.3. El mensaje del Señor es este: el creyente maduro hará el bien y mostrará bondad a todos los hombres, tanto a buenos como a malos. Es maduro en el corazón al mostrar amor a sus enemigos tanto como a sus amigos. En esto, Dios mismo es el ejemplo del creyente.
REFLEXION
Dios es amor perfecto (1 Jn. 4:8, 16). Dios ama a todos: por eso, anhela un mundo de amor.
Dios desafía a cada uno ser semejante a El: a amar a todos, aun a sus enemigos.
Destruyendo barreras.

José Cabanillas
Pastor Asistente
