MÁS ALLÁ DE MIS ERRORES
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”
2 Corintios 5:17
Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos tomado decisiones equivocadas. Hemos dicho palabras que lastimaron, cometido errores que lamentamos o caído en pecados que prometimos no volver a cometer.
Y quizás lo más difícil no siempre sea reconocer que fallamos, sino aprender a vivir después de haber fallado.
Porque hay errores que, aunque hayan quedado en el pasado, siguen presentes en nuestra memoria. Y cuando los recordamos, comenzamos a decirnos: “Siempre hago lo mismo”, “Nunca voy a cambiar” o “Dios debe estar decepcionado de mí”.
Sin darnos cuenta, comenzamos a definir nuestra identidad por nuestros fracasos, olvidando lo que Cristo ha hecho por nosotros.
Pero el evangelio nos recuerda que nuestra esperanza no descansa en nuestra capacidad de nunca equivocarnos, sino en la gracia de Aquel que vino a salvarnos y transformarnos.
- Mi pasado no define quién soy en Cristo
2 Corintios 5:17a: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es…”.
El apóstol Pablo nos recuerda que todo aquel que está en Cristo ha recibido una nueva vida. Nuestra relación con Dios no descansa en nuestros méritos, sino en la obra redentora de Jesucristo.
Esto no significa que nuestras malas decisiones no tengan consecuencias, sino que el pecado ya no tiene la última palabra sobre nuestra identidad delante de Dios.
Pensemos en Pedro. Había caminado con Jesús, escuchado sus enseñanzas y prometido permanecer fiel. Sin embargo, aquella noche negó conocer a su maestro tres veces. ¡Qué doloroso debió ser recordar aquellas palabras! Pedro había fallado precisamente donde pensaba que era más fuerte, pero su historia no terminó con aquella negación. Después de resucitar, Jesús lo restauró (Juan 21:15-19).
Cristo no minimizó su fracaso, pero tampoco lo desechó por haber fallado. Quizás hoy estés luchando con la culpa de alguna decisión; tal vez nadie conoce aquello que te avergüenza, pero tú lo recuerdas constantemente. Recuerda que el Señor no nos llama a esconder nuestros pecados, sino a confesarlos y volvernos a Él con arrepentimiento.
Una caída debe llevarte al arrepentimiento, no a creer que la gracia de Dios ha dejado de alcanzarte.
2. Mi nueva identidad transforma cómo vivo para Cristo
2 Corintios 5:17b: “…las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.
La gracia de Dios no solamente nos ofrece perdón; también comienza una obra de transformación en nosotros.
Ser una nueva criatura significa que ahora pertenecemos a Cristo, y esa nueva identidad debe reflejarse progresivamente en nuestras decisiones. Sin embargo, debemos comprender algo importante: no vivimos en santidad para conseguir que Dios nos ame; buscamos vivir en santidad porque hemos sido alcanzados por Su amor.
A veces pensamos que debemos cambiar primero para acercarnos nuevamente a Dios. Creemos que necesitamos demostrarle que somos mejores y que ahora sí merecemos su aceptación; pero nuestra transformación nace de nuestra unión con Cristo, no de nuestros esfuerzos por ganar su favor. Esto tampoco significa que podamos continuar pecando deliberadamente porque Dios perdona. La verdadera gracia no nos anima a permanecer en el pecado, sino que nos enseña a renunciar a él.
Tu pasado puede recordarte de dónde te rescató Cristo, pero no debe impedirte vivir la nueva vida que Él te ha dado.
CONCLUSIÓN
Quizás hoy necesitas dejar de mirarte únicamente a través de tus errores y comenzar a recordar quién eres en Cristo.
No puedes cambiar las decisiones que tomaste ayer, pero sí puedes responder hoy a la gracia de Dios con un corazón arrepentido y dispuesto a obedecerle. No permitas que la culpa te aleje de Aquel que entregó su vida para reconciliarte con Dios porque en Cristo, tus errores no tienen que escribir el final de tu historia. Su gracia te ofrece perdón, restauración y una nueva manera de vivir.
¡Creciendo en la Palabra y viviendo juntos en santidad!

Luiggi Naveda
Pastor Asistente
