TIEMPO DE SALIR A LA CANCHA
«Porque de la manera que el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los
miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.»
1 Corintios 12:12
A quienes disfrutamos del fútbol nos apasiona observar cómo cada jugador cumple una función específica dentro del equipo. Están los defensas, los mediocampistas, los delanteros y el arquero. Ninguno ocupa el lugar del otro, porque cada uno ha sido preparado para desempeñar una tarea determinada. También vemos cómo el director técnico realiza cambios durante el partido. Algunos ingresan para fortalecer la defensa, otros para generar más ataque o cambiar el rumbo del encuentro. Sin importar el momento, todos los jugadores anhelan escuchar su nombre para entrar al campo.
Pero hay una realidad que nadie puede detener: el reloj sigue avanzando. Los noventa minutos llegan y el árbitro hace sonar el pitazo final. Entonces ya no importa cuánto deseaba jugar alguien o cuánto potencial tenía; lo único que cuenta es quiénes entraron a la cancha y entregaron todo por su equipo. Los demás permanecieron en el banquillo como simples espectadores.
Esta imagen describe muy bien la misión de la Iglesia. Cristo no llamó a sus hijos para que fueran observadores de su obra, sino participantes activos. La Biblia enseña que somos un solo cuerpo y que cada creyente es un miembro indispensable. Dios ha dado dones, capacidades y oportunidades diferentes a cada uno para cumplir una misión específica. Como afirma Efesios 4:12, fuimos equipados «para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo».
Sin embargo, muchos creyentes viven cómodamente en las tribunas o en el banquillo espiritual. Ven cómo otros evangelizan, discipulan, enseñan, sirven o visitan a los necesitados, mientras ellos piensan que alguien más lo hará. El temor, la comodidad, la falta de compromiso o el conformismo les impiden responder al llamado del Señor.
¿Te has detenido a pensar en cuántas personas podrían haber conocido a Cristo si hubieras decidido salir a la cancha? Quizá Dios quería usarte para compartir el evangelio con un familiar, discipular a un nuevo creyente, levantar a un hermano desanimado o iniciar un ministerio que bendijera a muchos. Pero mientras esperabas «el momento perfecto», las oportunidades fueron pasando.
La Biblia nos recuerda que el tiempo es limitado. Cada día nos acerca al momento en que el Señor cerrará la historia, como el árbitro que señala el final del partido. Cuando llegue ese día, no habrá satisfacción en haber observado desde lejos la obra de Dios. Lo que producirá gozo será haber servido fielmente con los dones que Él nos confió.
Por eso conmueven las palabras del apóstol Pablo al final de su vida: «He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe» (2 Timoteo 4:7). Pablo no fue un espectador; fue un hombre que se gastó completamente por Cristo. Su mayor satisfacción no fueron los reconocimientos, sino haber terminado fielmente la misión que el Señor le encomendó.
El partido aún no ha terminado. El pitazo final todavía no ha sonado. Hoy Dios sigue llamando siervos, miembros activos para su Iglesia. No importa tu edad, tus limitaciones o cuánto tiempo hayas permanecido en el banquillo. Si respondes al llamado de Cristo, Él puede usar tu vida para transformar vidas para la eternidad.
No esperes que el partido termine para lamentarte por las oportunidades perdidas. Es tiempo de salir a la cancha, servir con pasión, anunciar el evangelio y dar lo mejor de nuestra vida por Aquel que dio todo por nosotros.
Avancemos con fe

Juan Carlos Chirinos
Pastor Asistente
