EL MUNDO EN EL QUE VIVIMOS
“Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son,”
Juan 17:9
Sin duda, todos los creyentes se habrán dado cuenta a través de estas elecciones, cómo se comporta el mundo. Hay exigencias desmedidas, fraudes, manipulaciones, acomodos de puestos de trabajo, sueldos exagerados, robos, estafas, mentiras por doquier, desconocimientos de realidades inobjetables, amenazas, violencia en ciernes, rivalidades a ultranza. No hay competencia, hay odio, hay maldad, hay perversión. ¡Ese es el mundo!
Sin embargo, no podemos olvidar que de allí nos ha sacado el Hijo de Dios, el Cordero de Dios, que con su sacrificio único nos ha sustituido de ir cada uno de nosotros a la muerte por ser pecadores. Por lo tanto, debemos no solo estar agradecidos por lo que hizo, sino, más que eso, debemos adorarle, alabarle y vivir para proclamar sus verdades eternas.
Cuando decimos que del mundo nos ha sacado, esto quiere decir que nos ha sacado del sistema de maldad que hemos descrito arriba y que está en contra de Dios. Sistema donde permea la maldad y está gobernado por el dios de este siglo: Satanás. Pero todavía estamos en este escenario, llamado el mundo en el que vivimos, del cual tenemos que disentir nítida y claramente. Por eso tenemos que tener mucho cuidado con nuestra actuación en este mundo. Ya que el Señor oró precisamente al Padre celestial para:
- GUARDARNOS DEL MAL. La preocupación mayúscula del Señor no solo fue por sus discípulos con quienes estaba y de quienes se estaba despidiendo, sino también por todos nosotros. Esa preocupación era que estaba próximo a ir a la cruz, mientras que los discípulos y nuevos creyentes se quedaban en el mundo: “Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre… Pero ahora voy a ti;…” (Juan 17:12a-13a). Este es el ruego de Jesús a Su Padre: “Guárdalos en tu nombre…” (Juan 17:11), la mayor amenaza es el mundo necio, incrédulo, opuesto a Dios, a Cristo, a sus propósitos, a sus principios y valores.
- NO PERDER EL SENTIDO DE PERTENENCIA. Los creyentes no nos pertenecemos a nosotros mismos, ni siquiera a nuestros padres, como lo afirma la palabra: “Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son.” (Juan 17:9), los creyentes somos un regalo de Dios el padre a Su hijo Jesucristo y, por lo tanto, le pertenecemos tanto al Padre como al Hijo. Por nosotros vino Cristo, por nosotros fue a la cruz. Esta propiedad es la que despierta el odio del mundo. Hay que recordar que Jesús vino a un mundo perdido, hostil y lleno de maldad.
- NO PERDER EL GOZO. El creyente tiene un sentido de satisfacción, de gozo, de felicidad que el mundo no tiene, ni lo anhela. En Su oración el Señor Jesús dijo: “Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos.” (Juan 17:13), el Señor, al crearnos, nos puso ese sentido de satisfacción en el corazón, que el mundo nunca ha entendido. El Salmo 1 y las Bienaventuranzas de Mateo 5 están cargados de gozo y satisfacción que Dios ha previsto para sus hijos. No busquemos satisfacción en el mundo y sus placeres. Somos hechos para tener nuestra máxima satisfacción en el Señor.
Si cada creyente no cuida su vida del mal, su vida como pertenencia de Dios y su satisfacción en Dios y sus bendiciones, fácilmente coqueteará con el mundo hasta enredarse y abandonar la iglesia y los caminos del señor.
¡Con la expectativa de verte!

Vicente Alcántara Ulloa
Pastor Supervisor
