¿POR QUÉ TEMER?
“Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti”
Isaías 43:2
El miedo no es una emoción ajena a la experiencia humana; de hecho, está profundamente arraigado en nuestra historia. Se evidenció en el corazón del hombre desde el momento en que el pecado entró en el Jardín del Edén. Lo vemos claramente cuando Adán, al esconderse, le responde a Dios: “…Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo…” (Génesis 3:10).
Mientras estemos en esta tierra y habitemos en este cuerpo caído, experimentaremos situaciones que inevitablemente nos causarán temor. El miedo es una verdad recurrente, pero no es el final de nuestra historia.
En Isaías 43, Dios no le habla a cualquiera; le habla a Jacob, a su siervo, al pueblo que Él ha formado y redimido. Aunque los títulos que vemos en nuestras Biblias —como «Jehová es el único Redentor»— no son parte del texto inspirado original, capturan perfectamente la esencia de este capítulo: nuestra seguridad no depende de la fuerza de nuestra fe, sino de la fidelidad de Aquel en quien confiamos.
Porque Dios es el Redentor, Sus promesas no son simples deseos, sino garantías firmes. Si tú has sido rescatado y salvado por Dios, esta verdad es tuya. El versículo no dice «si es que pasas», sino «cuando pases». Las aguas turbulentas, los ríos difíciles y las pruebas van a llegar, pero la promesa es contundente: Él (Dios) estará contigo y no serás destruido.
Haz una pausa y evalúa tu corazón en este momento: ¿Qué «río» o «fuego» estás enfrentando hoy que te está quitando la paz? ¿Estás permitiendo que las circunstancias nublen la realidad de la presencia de Dios en tu vida?
Pasaremos por injusticias, diagnósticos médicos inesperados, crisis financieras o la dolorosa pérdida de seres queridos. Es natural que el temor toque a la puerta cuando el porvenir parece incierto. Sin embargo, lo que debe sostenernos y prevalecer por encima del miedo es la certeza de que Dios cuida celosamente de aquellos que ha rescatado por medio de la sangre de Jesús.
Cuando experimentes temor, ve a la presencia de Dios y dile exactamente qué te asusta. Adán se escondió por miedo, pero tú puedes acercarte confiadamente al trono de la gracia.
Cuando el temor afecte tu futuro, recuerda el pasado: recuerda de dónde te sacó Dios, cómo te redimió y cuántas veces ha sido fiel. La memoria espiritual nos ubica ante el temor.
Recuerda hoy y el resto de la semana: ¡El Dios que te redimió es el Dios que te sostiene. No estás solo!
ORACIÓN:
“Señor, gracias porque tu presencia es mi ancla en medio de la tormenta. Hoy te entrego este temor que me quita la paz y decido confiar en tu promesa. Perdóname si olvidé que ya me redimiste y que jamás me dejas solo. Dame la fuerza para avanzar hoy con la certeza de que, sea lo que sea que enfrente, tú caminas a mi lado. En el nombre de Jesús, Amén”

Alex Plasencia
Pastor Asistente
