¿VIVIENDO EN SANTIDAD?
“13 Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado; 14 como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; 15 sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir;”
1 Pedro 1:13-15
A menudo asociamos la santidad con estereotipos externos: ropa larga, caras serias o aislamiento religioso. Sin embargo, la verdadera santidad no se construye de afuera hacia adentro, sino de adentro hacia afuera.
Por eso Pedro nos va a decir en primer lugar: “Ceñir los lomos del entendimiento”, en la antigüedad, esta frase significaba amarrarse la túnica para estar listos para la acción o el combate. Hoy significa: ¡Fájate mentalmente! Protege tus pensamientos, porque allí es donde el enemigo lanza sus primeros ataques. Un pensamiento tolerado se convierte en una idea, luego en una fortaleza y termina dominando tu vida.
En segundo lugar, Pedro nos manda a “ser sobrios”, lo que significa no perder el control ni el rumbo. Es imposible vivir en santidad sin abstenernos. Abstenerse no es cobardía; es la capacidad de decirle «no» a un deleite temporal porque tus ojos están puestos en un galardón eterno.
Y por último, no dice «no os conforméis», conformarse significa tomar la forma de un molde. El molde del mundo está regido por la codicia y el deseo de lo prohibido. Como hijos de Dios, nuestro ADN ha cambiado; ya no operamos en la ignorancia espiritual del pasado.
El versículo 15 (te animo a que lo leas) nos recuerda que somos llamados a ser santos porque Él ya nos hizo sus hijos a través del nuevo nacimiento. Dios nos llamó, nos hizo sus hijos, y esto nos recuerda una verdad que no debes olvidar en tu camino a la santidad: Tú no te perteneces. Por eso en los vv. 18-19 nos recuerda que la sangre de Jesús es el precio de nuestro rescate, y esta palabra significa comprar a un esclavo para sacarlo de su antigua esclavitud, convirtiéndolo ahora en propiedad del que lo compró. Somos esclavos por amor de Jesucristo. Entonces, mañana, cuando te levantes de la cama y a lo largo de tus actividades diarias, haz una pausa antes de tomar decisiones, hablar o reaccionar ante una tentación, y repite en tu mente: “Espérate… yo fui comprado a precio de sangre. Yo no me pertenezco a mí mismo, yo vivo para agradar a mi Dueño”.
ORACIÓN: «Señor, gracias por rescatarme del vacío y de la corriente de este mundo. Hoy decido ceñir mi mente y cuidar mis pensamientos. Ayúdame a ejercitar la sobriedad y a tener el valor de decir «no» a la carne para decirte «sí» a ti. Recuerdo que soy tu hijo, que tengo tu ADN y que he sido comprado por la sangre preciosa de Jesús. Ayúdame a caminar esta semana en temor reverente, honrando tu santidad. Amén.«

Alex Plasencia
Pastor Asistente
