QUE LAS DIFICULTADES NO NOS HAGAN OLVIDAR
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación.” (2 Corintios 1:3)
Todos los seres humanos que hemos ingresado en la vida, por la puerta del nacimiento; vamos a experimentar dolor, aflicción, sufrimiento, angustias y lágrimas. Esto, es parte de la consecuencia del pecado. Pero, aquellos cristianos que han lavado su vida en la sangre del Cordero ¿estarán libres de estas circunstancias? No, no estamos libres de pasar momentos de angustia, aflicción, dolor e insatisfacción. Esto es parte de nuestra condición humana.
Estando en alguna de estas circunstancias, inmediatamente apelamos, como hijos de Dios al trono de Su gracia, para solicitar que nos quite el motivo del dolor o de la insatisfacción. Pero olvidamos algo muy importante, el no considerar a quien nos dirigimos. El apóstol Pablo vivió no una vez, sino un sin número de veces este tipo de experiencias; pero esto, no fue obstáculo para dirigirse a Dios con el respeto y la consideración que le guardaba. El versículo anotado arriba nos enseña que al dirigirnos a Dios, no debemos de olvidar:
1. QUE DIOS ES DIGNO DE RECIBIR ALABANZA. Inicia el versículo: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo,” (2 Corintios 1:3a). Esto, es una doxología, que nos lleva a considerar quien es Dios, el cual pretendemos que nos escuche. Esto nos enseña que antes de pedirle algo a Dios; debemos de: alabarle, elogiarlo, hablar bien de él y de Su persona. Tenerlo siempre presente. Pablo lo exalta con justa razón. Y lo exalta por lo que hace. Pero también nos recuerda que hay que hacerlo por lo que hizo: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo.” (Efesios 1:3). Igualmente, debemos alabarle por lo que él hará, como dijo el apóstol Pedro: “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros.” (1Pedro 1:3-4)
2. DIOS ES PADRE DE TODA MISERICORDIA. Pablo, dice: “… Padre de misericordias…” (2 Corintios 1:3b). El sustantivo Padre, nos indica en el hebreo que él, es la fuente o que en él se origina todo acto de misericordia. Y que es un Padre rico en ella: “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó.” (Efesios 2:4). Dios no solo tiene misericordia, sino que es rico en ella y dispuesto a ofrecernos cada día, como el salmista lo decía: “Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen.” (Salmos 103:13). Que Padre tan bueno que tenemos, que Su compasión se deja ver y sentir en nuestras vidas. Esa misericordia es vital, porque gracias a estas misericordias permanecemos con vida: “Por las misericordias de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.” (Lamentaciones 3:22-23)
3. DIOS ES PADRE DE TODA CONSOLACIÓN. Sin duda que el objetivo de nuestras oraciones es buscar la consolación para una u otra circunstancia complicada que nos toca vivir. Y no estamos equivocados, ya que Dios es: “y Dios de toda consolación.” (2 Corintios 1:3c), lo que significa que, él viene al lado del que sufre, alivia el dolor del que lo siente, fortalece al que está en dificultad, de tal manera que pueda enfrentar el momento y dar frente a la vida que continúa. Además es un Dios de toda consolación, no de una, sino de toda. Eso nos brinda la seguridad de que somos atendidos, sin importar la clase ni la cantidad de aflicción que vivamos. ¡Gracias a Dios por Su consolación!
Con la expectativa de verte.

Vicente Alcántara Ulloa
Pastor Supervisor
