EL COSTO DE SER CRISTIANO 2
“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.”
Colosenses 3:1
En una era de autoafirmación del ser humano, suenan extrañas las palabras del apóstol Pablo a los colosenses: “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.” (Colosenses 3:1), sobre todo cuando el hombre está buscando ser feliz y satisfecho al mismo tiempo. En una época donde los cursos y lecciones de autoayuda sobreabundan en el mercado de las ofertas para lograr la satisfacción tan anhelada.
Escuchar decir: “ámate a ti mismo”, “tú eres primero”, “tú mereces ser feliz”; es todo lo contrario a los postulados del evangelio de Jesucristo.
El hombre de hoy, como el de ayer, no se ha dado cuenta de que Jesucristo vino, no para hacer un maquillaje en el ser humano, no para hacer retoques cosméticos en su personalidad y carácter, no para cambiarlo simplemente por fuera, sino que vino a transformar al hombre. Y esto necesariamente tiene que pasar por:
1. LIBERARLO DEL PECADO. Ya que el pecado es una condición que no solo le impide heredar el cielo, sino también establecer comunicación con Dios. Ya el apóstol Pablo advirtió a la iglesia que estaba en Corinto: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.” (1 Corintios 6:9-10). Tal vez esto, se vea y se lea muy abrumador. Pero, precisamente para esto vino Jesucristo, para liberarnos del pecado. Tan solo una condición: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” (1 Juan 1:9). Así será, sin importar la clase y cantidad de pecados que el hombre pueda tener. La misericordia de Dios obrará a su favor.
2. RENUNCIAR A SU AUTOCONFIANZA. El hombre halla muy fácil confiar en su propia moralidad, en sus oraciones y lecturas de la biblia; en su religión establecida que no demande más de lo que sencilla y llanamente puede alcanzar. Y lo que es peor, algunos se convierten en consejeros de otros que están en la misma condición o peor como lo dijo Pablo: “y confías en que eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas.” (Romanos 2:19). El creyente tiene que entender que, cuando creyó en Cristo Jesús se generó una nueva transformación: “Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos al pecado.” (Romanos 6:6). Esto, nos deja claro que, la obra toda suficiente de Cristo en la cruz, nos habilita para no generar autoconfianza, ni tampoco esperar en criterios equivocados y antojadizos que la biblia no aprueba.
¡Con la expectativa de verte!

Vicente Alcántara Ulloa
Pastor Supervisor
