VIERNES SANTO
«Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.»
Romanos 6:5-11
Cuando pensamos en Viernes Santo, muchos imaginan escenas conocidas: la corona de espinas, el peso de la cruz, los clavos, la oscuridad en el Gólgota. Y sí, fue un día lleno de dolor, injusticia y sacrificio. Pero para nosotros, los creyentes, este día significa algo aún más profundo: la cruz no es un símbolo, es un punto de quiebre en nuestra historia.
Romanos 6 nos recuerda a nosotros los cristianos que la muerte de Cristo no fue solo un evento para ser observado, sino una realidad que cambia nuestra forma de vivir:
- Nuestro viejo hombre fue crucificado con Él.
- El pecado perdió su autoridad sobre nosotros.
- Ya no somos esclavos.
- Ahora vivimos para Dios.
La cruz no solo perdona tu pasado… redefine tu presente y tu futuro.
En estas fechas, es común que muchos intenten “mostrar devoción” a Dios por medio de gestos externos: abstinencias temporales (no comer carne), rituales (hacer procesiones), promesas cortas, emociones pasajeras.
Pero el peligro es grande: honrar a Cristo una semana, pero ignorarlo el resto del año y de nuestra vida.
El sacrificio de Jesús a nuestro favor no necesita que lo completemos con tradiciones, no se fortalece con ritos, no se honra con costumbres… sino con vidas rendidas a Él. Cristo no murió para que tengamos una Semana Santa; Cristo murió para que tengamos vidas santas.
Pablo no dice: “Piensen en la cruz”, en el v. 11 dice: “Considérense muertos al pecado y vivos para Dios”. Eso significa que mis decisiones cambian, que mis deseos se ordenan, que mis hábitos se transforman, que mis pecados deben morir.
El Viernes Santo no es solo una fecha; es un llamado a recordar que algo murió en la cruz… y ese “algo” era la vida vieja que nos esclavizaba.
La muerte de Jesús tuvo un propósito: que tú ya no vivas dominado por el pecado que Jesús venció en la cruz. Celebremos este Viernes Santo no solo recordando la cruz… sino caminando como personas transformadas por su sacrifico.
ORACIÓN
«Señor Jesús, gracias por entregar tu vida en la cruz por mí. Hoy reconozco que morí contigo al pecado y que ahora vivo para Dios. Ayúdame a caminar cada día en esa verdad, dejando atrás lo que debe morir y abrazando la vida nueva que me diste. Que mi vida honre tu sacrificio y refleje tu gloria. Amén.«

Alex Plasencia
Pastor Asistente
