IDENTIDAD INQUEBRANTABLE
«Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención.»
1 Corintios 1:30
Hace unos días, mientras sacaba a Lizzy al parque —una perrita Staffordshire Bull Terrier—, algunos perros poco amigables comenzaron a ladrar e intentar atacarla. Sin embargo, Lizzy permaneció quieta y tranquila. No reaccionó con nervios ni con miedo. Su calma parecía mostrar que conocía bien su propia fuerza. Su quietud y control reflejaban la seguridad propia de su raza. Bastó un solo ladrido firme para que los otros perros se callaran, e incluso algunos salieran huyendo.
A veces la verdadera fuerza no está en reaccionar primero, sino en permanecer firme y mostrar, con serenidad, quién eres realmente.
Esta escena me hizo pensar en una verdad espiritual muy profunda: la importancia de conocer y vivir nuestra identidad en Cristo.
Si estás en Cristo, por haber creído en Él, Dios te ha dado una nueva identidad, comprada para ti por la perfecta obra de Cristo en la cruz. La vida cristiana consiste, en gran parte, en aprender a vivir de acuerdo con esa nueva identidad. La Escritura dice: «Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; ahora han sido hechas nuevas» (2 Corintios 5:17).
Sin embargo, muchas veces los creyentes olvidamos quiénes somos en Cristo. Las presiones de la vida, las acusaciones del enemigo o nuestras propias luchas pueden hacernos vivir como si aún estuviéramos definidos por nuestro pasado. Por eso el apóstol Pablo nos recuerda una verdad gloriosa: Cristo mismo se ha convertido para nosotros en todo lo que necesitamos para vivir delante de Dios.
En 1 Corintios 1:30, Pablo resume nuestra identidad en cuatro realidades espirituales:
- JUSTIFICACIÓN — En Cristo estás limpio.
Cuando vienes a Cristo con fe, Dios te declara justo. No porque hayas alcanzado la perfección, sino porque la justicia perfecta de Jesucristo te ha sido atribuida. Tus pecados han sido perdonados y tu culpa ha sido quitada. Ya no estás bajo condenación. Descansamos en la verdad de que nuestra aceptación delante de Dios está en Cristo, no en nuestros propios méritos. - REDENCIÓN — En Cristo eres libre.
La redención habla de ser rescatado mediante el pago de un precio. Ese precio fue la sangre de Cristo en la cruz. Él te liberó del dominio del pecado y de la esclavitud espiritual. Por eso el pecado ya no es tu amo. En Cristo eres verdaderamente libre para vivir una vida nueva. Vive como alguien que ha sido rescatado. - SANTIFICACIÓN — En Cristo eres apartado para Dios.
Ser santificado significa ser apartado para pertenecer a Dios. Aunque todavía luchamos contra el pecado, nuestra identidad ahora es la de hijos de la luz. Ya no pertenecemos a las tinieblas. Hemos sido llamados a reflejar el carácter de Cristo en nuestra manera de vivir. - SABIDURÍA — En Cristo recibes dirección para vivir.
Cristo es nuestra sabiduría. Él nos enseña a ver la vida desde la perspectiva de Dios. Esto no significa que nunca cometeremos errores, sino que el Señor nos guía, nos corrige y nos hace crecer a través de cada experiencia. En Cristo aprendemos a vivir con discernimiento y dependencia de Dios.
Cuando comprendes quién eres en Cristo, tu vida cambia. Ya no necesitas vivir dominado por el temor, la presión o las voces que intentan definirte. Tu identidad no está determinada por tus fracasos, por tus circunstancias ni por la opinión de otros, sino por lo que Dios ha hecho por ti en Jesucristo.
Así como Lizzy no reaccionó con desesperación porque sabía lo que era, nosotros también estamos llamados a vivir con la seguridad de nuestra identidad en Cristo. Él pagó el precio para darnos una identidad nueva, firme e inquebrantable.
Reflexión:
¿Estás viviendo hoy desde tu verdadera identidad en Cristo, o todavía permites que el pasado o las circunstancias definan quién eres?
Avancemos con fe

Juan Carlos Chirinos
Pastor Asistente
