LAS CRISIS POR FALTA DE DISCIPLINA
“En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”
Juan 16:33b
Me parece que muchos creyentes todavía no se han dado cuenta que la conversión te saca del mundo, espiritualmente hablando, para colocarte en el reino de los cielos, el cual es totalmente distinto al mundo de las tinieblas donde vivíamos. El ser creyente te permite vivir una constante confrontación con personas egoístas, envidiosas, mentirosas e injustas. Una sociedad permisiva, sin escrúpulos, convenenciosa y mala, necesita de un testimonio claro y contundente para que el mundo sepa que hay un camino que le agrada a Dios, ¿y quién lo va a dar?, sino un creyente consagrado a Dios.
Toda esta sintomatología de la sociedad en que vivimos, ha permitido que el creyente descuidado con su vida espiritual, pierda los límites que lo separan del mundo, asimilándose a él, para evitar la confrontación y la aflicción, de la cual habla Juan en su evangelio. O termina diluyendo el evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Cuando realmente el Señor nos ha dejado en este mundo, no para ser parte de él; sino, para dar un testimonio a la verdad. Para alumbrar las tinieblas y detener la corrupción (Mateo 5:14-16). Esta ambivalencia de conducta, genera las crisis, que debemos considerar y evitar dar soluciones incoherentes con la palabra de Dios.
1. CRISIS FAMILIAR. Hay demasiados ejemplos, regados en toda la palabra de Dios, como para poder obviar un tema tan importante como la falta de disciplina, que trae una crisis familiar. Uno de esos ejemplos, y de los más tristes por cierto, es el de la familia de Elí. El profeta Samuel, siendo aún muy jovencito, recibió este mensaje de parte de Dios: “Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado.” (1 Samuel 3:13). Aquí, es claramente entendible que el padre, conociendo la inconducta de los hijos, no hizo nada por frenarlos. Esto, tenía que ver con la falta de disciplina, no de castigo, sino de impedir que esa conducta sea fácilmente repetible. No los reprendió como debería de hacerlo. Esto muestra la permisividad de los padres en la crianza de los hijos. Esa falta de corrección necesaria y oportuna que, debería tratar con las ofensas, el maltrato, la desobediencia o el pecado, no fue frenada a tiempo. Hoy, peor que ayer, vemos cómo la indulgente manera de criar hijos, no considera la disciplina; por eso cada familia va cosechando lo que ha ido sembrando.
2. LA CRISIS DE VALORES. Se genera en la forma permisiva en la crianza de los hijos de ahora, haciendo más caso a la psicología que a la biblia. Entonces, va regando por todo el mundo generaciones de seres humanos que no sienten amor y menos aún respeto por otro ser humano. Pablo lo advirtió: “Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios,” (2 Timoteo 3:2-4) ¡Qué tremenda lista! Que caracteriza a seres humanos de países enteros. El problema radica en la mala formación que los padres dan a sus hijos, en el abandono de la paternidad responsable, en la ponderación de la cultura por encima de lo que la biblia indica, en el desconocimiento de la disciplina tanto preventiva como correctiva que la biblia aconseja. Y creo también que esta crisis es el resultado de un pobre legado y un pésimo modelo de vida que heredamos a las generaciones que nos siguen. Examínalo y mira cuál es tu parte en la que te toca enmendar antes de que sea demasiado tarde.
¡Con la expectativa de verte!

Vicente Alcántara Ulloa
Pastor Supervisor
