¿OBEDECES A LA VOZ DE DIOS?
«Vino palabra del Señor a Jonás, hijo de Amitai, diciendo: Levántate, ve a Nínive, la gran ciudad, y proclama contra ella, porque su maldad ha subido hasta mí. Pero Jonás se levantó para huir a Tarsis, lejos de la presencia del Señor.«
Jonás 1:1-3ª
A veces solemos decir: ¿por qué Dios no me habla?, ¿no entiendo sus planes para conmigo?, pero no siempre se trata de que Dios no hable; como en el caso de Jonás, Jonás no tenía un problema de “falta de señales”. Dios le habló claro, con nombre propio y dirección específica: “Levántate, ve a Nínive…”. El problema de Jonás no fue de oído, fue de corazón.
A veces pensamos: “Si Dios me hablara claro, yo obedecería”. Pero este texto nos recuerda algo incómodo: muchas veces Dios sí nos habla, y lo que no queremos es obedecer.
Jonás quizá quería seguir con su vida normal, con sus planes, su rutina. Pero la Palabra de Dios interrumpió su comodidad e hizo algo que también hace con nosotros: nos saca de nuestro pequeño mundo para alinearnos con Su propósito.
Dios sigue hablando hoy a través de Su Palabra, a través de una prédica, a través de un consejo sabio, etc. El problema es que cuando lo que Dios dice choca con lo que yo deseo, es fácil hacer lo mismo que Jonás: levantarnos… pero para huir, sabemos que debemos perdonar… y elegimos guardar rencor; sabemos que debemos terminar una relación o amistad que nos aleja de Dios… y la justificamos; sabemos que Dios nos llama a servir, a involucrarnos, a dar, a ser fieles en nuestra mayordomía… y nos aferramos a la comodidad, a nuestro tiempo, a nuestras excusas.
Cuando la Palabra de Dios nos incomoda y respondemos con huida, excusas o silencios, no significa que Dios no hable; significa que hay áreas de nuestro corazón que aún no le queremos entregar.
Jonás creyó que podía alejarse de la presencia de Dios tomando otro rumbo, cuando hacemos algo parecido el peligro es que el corazón se va endureciendo y terminamos diciendo: “Dios no me habla”, cuando en realidad hace tiempo que hemos dejado de responder a Su voz.
No trates de negociar con Dios (no huyas de Él). No le pidas una “segunda opinión espiritual” para algo que ya sabes que Él te ha mostrado, ríndete delante de Él y obedécele.
Señor, reconozco que muchas veces he escuchado tu voz, pero he preferido seguir mis planes. Perdóname por huir, por justificarme, por acomodar las cosas para que parezcan tu voluntad. Hoy te entrego esta área de mi vida que has estado señalando. Dame valentía para obedecer, aunque me incomode, aunque me cueste. Alinea mi corazón con el tuyo. No quiero seguir huyendo; quiero levantarme y obedecer tu voz.

Alex Plasencia
Pastor Asistente

Amén 🙏🏼