NUESTRA DEFENSA ESPIRITUAL
“Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo”
1 Juan 2:1
El hecho de que el Señor nos llame “hijos” indica que tenemos mucho que aprender de Su conocimiento y caminos, ya que poniéndolos en práctica, ocasionalmente vamos a caer.
No estar unidos a Cristo, (sin Cristo) estaremos con desesperanza y el completo desaliento. Sin embargo, al creer en Jesucristo, canjeamos nuestra incapacidad, por su competencia y tenemos la oportunidad de empezar con una vida limpia.
El Señor Jesús nos enseña a ser victoriosos en todo aspecto de nuestra vida.
La frase “estas cosas os escribo para que no pequéis”, el apóstol Juan nos hace entenderque ninguno de nosotros ha alcanzado un nivel espiritual elevado y conoce que podemos pecar, aunque algunos en ocasiones hayan pretendido tener una perfección exenta de pecado, pues nadie ha logrado llegar a una posición de perfección.
¡Hermano!
No se desaliente. El apóstol reconoce que los cristianos en realidad “pecan” y tenemos que acudir a Dios para confesarle y nuestro Padre entiende que no somos perfectos ustedes tropezarán y caerán, pero Él no nos dejará ni abandonará.
Observemos que este versículo no dice que no podamos pecar, pero Juan estaba escribiéndoles para evitar que pecaran. Dios quiere que vivamos de una manera que le agrade a Él, es decir, desea que caminemos en esta vida en “obediencia a Su Palabra”. Ciertamente no hay hombre “justo” en la tierra que haga el bien y nunca peque.
Jesús es el “abogado” entre nuestros corazones arrepentidos y la ley. Si Su sangre se ha aplicado a nuestras vidas a través de la fe y por la confesión del pecador (Ro: 10:9-10; 2 Co.5:21), Jesús lo defiende ante el “Juez Justo”.
Jesucristo defiende ante Su Padre al “pecador” que ha violado Sus mandamientos, sin embargo, “Su sacrificio” es suficiente para pagar la deuda del pecador, y Su justicia ha pagado el precio para que el pecador pueda ser declarado “inocente”, ya no le queda ninguna deuda por pagar (Ro. 8:1; Col- 2:14).
Jesús es nuestro abogado cuando Dios nos acepta por primera vez en Su familia como Sus hijos (Jn:1-12) y “Él sigue siendo nuestro abogado para siempre” (1 Jn, 1:9)
Como sus discípulos, vamos a seguir pecando, sin embargo, cuando lo hacemos, se nos manda confesar ese pecado a Dios. La confesión es un acuerdo con Dios sobre la gravedad del pecado. Somos culpables ante Él y no tenemos ningún argumento o justificación propia. Nuestro abogado se presenta ante el Juez, y juntos están de acuerdo en que ya estamos “en Cristo”, y no es necesario ningún otro castigo, Jesús ya ha hecho un pago suficiente para redimirnos.
El Abogado está “siempre” con el Padre y, por lo tanto, Su ayuda está “siempre disponible”.
El justo, o, el Hijo modelo perfecto, ideal, que nunca peca, sino que siempre hace las cosas que agradan al Padre. Su posición ante el Padre como el “Hijo justo” es la súplica perpetua de un trato misericordioso con aquellos que quieren ser hijos como Él, y no pueden serlo debido a sus debilidades corporales y humanas. La filiación justa es el mejor de los ruegos ante el Padre justo.
Aplicando el versículo en nuestra vida
Este versículo tiene un impacto significativo en nuestras vidas y podemos aplicarlo en varias formas:
– Nos recuerda la necesidad de vivir una vida sin pecado y el amor de Dios hacia nosotros.
– Nos recuerda que tenemos un abogado “Jesucristo” que nos ayudará a superar nuestros errores y a encontrar el camino correcto en la vida.
– Podemos convertirnos en personas más piadosas y justas delante de Dios.
– Nos recuerda que no estamos solos en nuestras luchas. Es genial saber que, incluso cuando cometemos pecado, tenemos a Jesucristo de nuestro lado como nuestro abogado. – Nos anima a pedir perdón y a esforzarnos por vivir mejor, sabiendo que siempre podemos contar con el apoyo divino.
¡Eso es un gran alivio!
Destruyendo barreras

José Cabanillas
Pastor Asistente

Amén 🙏🏼