LA IDENTIFICACIÓN ANTE EL BAUTISMO
“Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: Si crees de todo corazón bien puedes. Y respondiendo dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.”
Hechos 8:36-37
En los muchos años de ministerio que el Señor por Su gracia me ha permitido tener, me ha tocado tratar con creyentes de corazón que, inmediatamente terminada su preparación para el bautismo, buscan una identificación con Jesucristo, Su mandato y Su iglesia. Pero, también he tenido la experiencia de toparme con otra clase de “creyentes” que se vuelven muy renuentes a bautizarse; exhibiendo justificaciones torpes que van desde el “por ahora no”, “quizá más tarde”, “pero yo, ya soy bautizado cuando era niño”. Estas y otras justificaciones muestran que dichos creyentes, no han entendido nada de la fe cristiana, ni mucho menos que el bautismo es una clara identificación con Cristo, Su doctrina y su iglesia.
Cuando nos hallemos frente a situaciones similares, no debemos insistir, ya que Dios nos ha dado libre albedrío para tomar decisiones sin ruegos ni presiones. Pero eso sí, este es un criterio muy personal, considerarlo como gentiles y publicanos.
Tal vez, serán buenas razones saber cuándo es que hay una verdadera identificación con el bautismo instituido por Jesucristo:
1. CUANDO EL BAUTIZANDO ESTÁ BUSCANDO LA OPORTUNIDAD. No cabe la menor duda de que el eunuco estaba preparado: “Y sucedió que un etíope, eunuco, funcionario de Candace reina de los etíopes, el cual estaba sobre todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar, volvía sentado en su carro, y leyendo al profeta Isaías.” (Hechos 8:27-28). Este, era una persona muy importante. Pertenecía a una región al sur de Egipto. Lo hicieron eunuco, es decir, castrado sexualmente porque desempeñaba funciones oficiales muy cerca a la reina, que a propósito no se llamaba Candace, ya que este, no era un nombre propio, sino un título de las reinas del antiguo Cus. Además, era un hombre de formada educación, de confianza y que estaba a cargo de todos los tesoros reales, lo cual indica la influencia que tenía. Pero también era un renombrado creyente del Dios de Israel, que a pesar de volver de adorar en Jerusalén, seguía en contacto con la palabra leyendo al profeta Isaías, y convencido de su fe, al ver el agua: “… dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?” (Hechos 8: 36b). Sin duda que su alma buscaba la oportunidad de sellar su fe en las aguas del bautismo.
2. CUANDO EL BAUTIZANDO SE HA CONVERTIDO. El bautismo no es la exigencia de la iglesia, ni una moda por alcanzar. El bautismo es para aquellos que han tenido un encuentro con Jesucristo, bajo la convicción clara de que, hallándose perdidos, Jesucristo los halló y por Su misericordia no los trato como merecían sus actos; sino que, alcanzándolos con Su gracia, les dio la oportunidad de que sean salvos de esta perversa generación. Accediendo a ser parte de Su iglesia e ingresando por la puerta del bautismo. De allí que, la pregunta de Felipe fue muy pertinente: “…Si crees de todo corazón bien puedes. Y respondiendo dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.” (Hechos 8:37). Conforme a este testimonio de la Sagradas Escrituras, son las convicciones en el Señor Jesucristo, las que voluntariamente llevan a la persona al bautismo. Valorando el esfuerzo, el tiempo y la vida que el líder ha empleado para guiarle durante la preparación.
¡Con la expectativa de verte!

Vicente Alcántara Ulloa
Pastor Supervisor

Amén 🙏🏼