¿Qué tanto amas a Cristo?
“Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo”
(Filipenses 3:8)
Vivimos en una época donde la palabra “compromiso” se usa con ligereza. Muchos dicen estar dispuestos a todo por alcanzar un sueño, por mantener una relación o por lograr una meta personal. Sin embargo, cuando se trata de nuestra fe, la disposición total hacia Cristo suele ponerse a prueba en lo cotidiano: en las renuncias silenciosas, en las decisiones que nadie ve, en los actos de obediencia que cuestan.
Nuestro amor al Señor no se mide por lo que decimos en momentos de emoción, sino por lo que estamos dispuestos a entregar, dejar o cambiar cuando el Señor nos lo pide. Y es aquí donde las palabras de Pablo en Filipenses 3:8 nos confrontan y nos invitan a una evaluación profunda.
Pablo no escribe estas palabras desde la comodidad, sino desde una vida marcada por la renuncia y la entrega. Antes de conocer a Cristo, él tenía todo lo que un judío de su tiempo podía desear: linaje impecable, formación académica de alto nivel, reputación intachable y una posición de influencia. Sin embargo, al encontrarse con Jesús en el camino a Damasco, su escala de valores cambió radicalmente.
Lo que antes era motivo de orgullo, ahora lo consideraba “basura” (σκύβαλον en griego, una palabra fuerte que alude a desecho o desperdicio) en comparación con el tesoro incomparable de conocer a Cristo.
Este pasaje nos enseña varias verdades clave:
- El conocimiento de Cristo es superior a cualquier logro humano: Pablo no habla de un conocimiento intelectual solamente, sino de una relación personal, viva y transformadora. No se trata de saber sobre Cristo, sino de conocerle íntimamente, como Señor y Salvador.
- Seguir a Cristo implica una reevaluación constante de nuestras prioridades: El verbo “estimo” está en tiempo presente, lo que indica que Pablo no solo tomó una decisión en el pasado, sino que cada día reafirmaba su disposición a perderlo todo por Cristo. El discipulado es una entrega diaria.
- La renuncia no es pérdida, es ganancia: El mundo nos enseña a aferrarnos a lo que nos da seguridad, placer o reconocimiento. Pero Pablo entendió que todo eso es temporal y que la verdadera ganancia está en Cristo, quien es eterno.
- El amor a Cristo se demuestra en acciones concretas: No basta con decir “estoy dispuesto a todo por Jesús”; esa disposición se prueba cuando debemos perdonar, pedir perdón, abandonar un pecado, o rendir un área de nuestra vida que hemos defendido con la frase “así soy y punto”.
En otras palabras, Pablo nos recuerda que el amor a Jesús auténtico es costoso, pero infinitamente valioso. No se trata de un sacrificio vacío, sino de un intercambio glorioso: dejar lo que estorba para abrazar lo que da vida eterna.
Señor Jesús, reconozco que muchas veces me aferro a lo que no me acerca a Ti. Hoy quiero decirte que estoy dispuesto a todo por amor a Ti. Ayúdame a soltar lo que estorba, a perdonar donde debo perdonar, y a vivir con la certeza de que Tú eres mi mayor tesoro. Amén.

Alex Plasencia
Pastor Asistente
