LA SEGURIDAD DE LAS PROMESAS DE DIOS
“Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié”
Isaías 55:11
Isaías 55 se presenta como un llamado apasionado a la conversión. Dios, a través del profeta, invita a los israelitas a acercarse a él y beber del manantial de la vida. Este contexto de sed espiritual y necesidad de redención prepara el terreno para la poderosa promesa de Isaías 55:11. Es en medio de la desesperanza donde la promesa cobra mayor fuerza y significado. El profeta describe la condición de los oyentes, su falta de propósito y su desorientación espiritual, como un preámbulo necesario para entender la magnitud del ofrecimiento divino. Con este trasfondo podemos apreciar el impacto de la promesa.
En este versículo reside la promesa central: la palabra de Dios es poderosa, efectiva y alcanza su objetivo. No existe posibilidad de fracaso, ya que su fuente es Dios mismo. La palabra de Dios cumplirá su propósito.
La Palabra está respalda por el asombroso poder de Dios Todopoderoso, sus promesas se cumplen por completo y obtienen la victoria.
Sin embargo, este es el verdadero reto: creer en las Escrituras cuando todo lo demás parece contradecirlas. Esto es lo que Pedro enfrentó cuando anduvo sobre el mar azotado por el viento para ir a Jesús (Mateo 14.25–33). Aunque Jesús lo llamó, Él se distrajo por la tormenta y empezó a hundirse en las olas embravecidas.
De manera similar, al aferrarse a las promesas de Dios durante las tempestades, a la larga se presentará una crisis de fe en la que usted deberá aceptar lo que Dios dijo y ponerlo en práctica, o hundirse de nuevo como Pedro. Sus ojos espirituales estarán fijos en el Salvador y su corazón en las Escrituras.
Dedica tiempo cada día a la meditación de la palabra de Dios. No se trata solo de leerla, sino de reflexionar sobre su significado, y obedecerla.
¡Hermano!
Observa los cambios positivos en su vida, tanto internos como externos. La paz, la dirección, la fuerza, y las oportunidades que antes no existían, pueden ser señales de que la palabra de Dios está produciendo fruto en ti. No te desanimes si no ves resultados inmediatos; la obra de Dios se realiza con frecuencia en tiempo y forma que solo Él conoce.
La obediencia es la respuesta natural a la fe. Cuando crees en la promesa de Dios, te moverás a actuar de acuerdo con Su voluntad. Esta obediencia no es un requisito para que la promesa se cumpla, sino una respuesta a la transformación que la palabra ya ha producido en tu corazón.
Destruyendo barreras

José Cabanillas
Pastor Asistente

Las promesas de Dios son benditas y uno tiene que leer y escudriñar las escrituras,no leerlas nada más,ponerlas en práctica y no perder la fé como Pedro lo hizo en ese momento y se hundió en las aguas, nosotros tampoco debemos hundirnos en el mundo.AMEN