UN PADRE QUE SE REGOCIJA
“Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse”
Lucas 15:24
Este versículo de la Biblia, Lucas 15:24, pertenece a una de las parábolas más conocidas de Jesús: la parábola del hijo pródigo. En esta historia, un hijo pide a su padre su parte de la herencia y se aleja de su hogar para vivir una vida llena de excesos y derroche.
Después de haber visto al hijo pródigo en su estado de miseria, estamos al lado de considerar su recuperación de la misma. El Señor abre los ojos, y le convence de su pecado. Así, el pecador convencido percibe que el siervo más humilde es más feliz que él.
Amados para ver a Dios como su Padre, tenemos que arrepentirnos y regresar a Él.
El hijo pródigo se levantó, y no se detuvo hasta que llegó a su casa. Esta era la única alternativa que este joven pudo imaginarse para volver humillado a su padre. Puede imaginarse su alegría al regresar a casa y pedir perdón a su padre y descubrir que su padre no solo lo había perdonado, sino que además le recibía con los brazos abiertos a pesar de todo lo que ha hecho.
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“Si fuéremos infieles, él permanece fiel; El no puede negarse a sí mismo”
(2 Timoteo 2:13)
Esta historia ilustra los profundos temas del perdón, la redención y el amor incondicional. El hijo, que una vez estuvo perdido en sus propias decisiones y alejado de su familia, ahora es recibido de brazos abiertos. Esto refleja la naturaleza del amor de Dios por la humanidad, donde ningún error es demasiado grande para perdonarlo.
También nos muestra que siempre hay oportunidad para volver a Él y recibir su amor y perdón.
El padre afirma la razón por la fiesta con estas palabras: “Porque este hijo mío estaba muerto y está vivo nuevamente: estaba perdido y es hallado”. Las cuatro palabras: Muerto, vivo; perdido, hallado, se deben interpretar en un sentido espiritual. Veamos:
“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados”
(Efesios 2:1)
“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”
(Lucas 19:10)
Destruyendo barreras

José Cabanillas
Pastor Asistente
