LA EXPERIENCIA DEL DOLOR
“Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo; sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen.”
Salmo 6:2
Todo ser humano experimenta esta realidad, compleja y traumática: el dolor. Puede ser físico, emocional o espiritual. No se trata tan solo de una sensación desagradable, sino de una realidad que toca lo más profundo del ser humano. En algunos casos el hombre aprende a convivir con el dolor; siempre y cuando este sea físico y soportable, para esto la ciencia ha creado desde la aspirina hasta la morfina con tal de evitar esta experiencia. Algunos, conviven con el dolor emocional, producto de violaciones de la ley moral y de la conciencia; pero, a costa de una angustia que no halla explicación por la psiquiatría, sumiendo al enfermo en inseguridades y temores que son difíciles de curar y que lo van consumiendo desde adentro. Está, también, el dolor espiritual o llamado también las crisis de fe y del sentido en la vida, el cual busca desesperadamente solución.
En el salmo 6, que encabeza este devocional, vemos al rey David sufriendo el dolor y la enfermedad; ante tal experiencia pide y clama la misericordia de Dios, tanto física como espiritual, pues se debate entre la enfermedad, la culpa y la persecución de sus enemigos, como lo vamos a ver ahora.
1. LA ENFERMEDAD. David estaba tan aquejado que lo expresa de esta manera: “porque mis huesos se estremecen.” (Salmos 6:2b). Sin duda que era una enfermedad muy seria, ya que él teme por su vida (v.6). Era una enfermedad debilitante, pues todo su cuerpo lo sentía. David, percibía que era una enfermedad disciplinaria y que Dios lo estaba castigando por algún pecado cometido en su vida, por eso dice: “Jehová, no me reprendas en tu enojo, ni me castigues con tu ira.” (Salmos 6:1).
Gracias a Cristo Jesús, quien él cargó el pecado de todos nosotros, ya no estamos bajo la ira directa de Dios, ni tenemos que pagar por nuestros pecados. Pero, si el creyente se empecina a vivir en el pecado, se niega a reconocer su pecado; entonces Dios, como Padre, va a tener que disciplinar (Hebreos 12:5-6,11), de eso no quepa la menor duda.
2. EL CLAMOR. Frente a las enfermedades, muchos creyentes se enojan y resienten con Dios, otros terminan por abandonar a Dios. Pero, aquel que es hijo de Dios obrará como lo hizo David: clamar, clamar y esperar. David le ruega a Dios: “Ten misericordia de mí,” (Salmos 6:2a). Lo que hace David es rogar a Dios que se digne inclinarse para atender a su ruego. David, reconoce que no merece la ayuda de Dios, pero apela a Su compasión y misericordia. Eso es lo que debemos hacer nosotros: clamar.
3. LA SANIDAD. David clama por salud con estas palabras: “Sáname, oh Jehová” (Salmos 6:2a). David conocía que Dios se había revelado a sus hijos en el desierto como: Jehová Rafa, que quiere decir: “Jehová tu sanador” (Éxodo 5:26). David se dio cuenta que Jehová nos puede afligir por la desobediencia, pero que también nos puede sanar. De allí la importancia de apelar a Su misericordia y compasión.
Esto nos debe de enseñar que, a pesar de vivir como buenos creyentes, no estamos exentos del sufrimiento, el dolor, la angustia, el pesar, etc. Pero, que también tenemos un Salvador del cual se dice: “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.” (Hebreos 4:15). ¡Qué bueno que es el Señor, para llegar a compadecerse de cada uno de nosotros sus hijos!
¡Con la expectativa de verte!

Vicente Alcántara Ulloa
Pastor Supervisor

En este devocional, nos habla de un punto muy importante »El Dolor», esto puede ser tanto físico como espiritual, aquí en este pasaje nos habla sobre la disciplina de Dios, cuando nosotros(as) cometemos un pecado(desobediencia) que hemos cometido en nuestra vida, aquí David rruega consuelo por sufriendo del dolor y la enfermedad, él sabe que no merece la misericordia de Dios, pero al menos tiene una sertesa de que lo escucha y lo »calmara».
Por otra parte, nos enseñan 3 puntos muy importantes, la que me llamo la atención fue »CLAMOR», a pesar de que nosotros(as); aunque el dolor sea inevitable en esta vida, no debemos perder la fe. Dios es misericordioso, escucha nuestro clamor y puede sanarnos, tanto en el cuerpo como en el alma. Nos invita a buscar a Dios en medio de nuestras pruebas, confiando en que Él nos comprende y quiere nuestro bien.