¿DE VERDAD QUIERES SER SANO?
«Así que, si el Hijo los hace libres, ustedes son verdaderamente libres.»
Juan 8:36
Todos, en algún momento, hemos deseado un cambio en nuestras vidas. Un nuevo comienzo, una segunda oportunidad, un milagro que transforme lo que nos duele o nos paraliza. Pero hay algo que muchas veces no queremos admitir: el cambio real exige una decisión valiente. No se trata solo de desear una vida diferente, sino de estar dispuestos a dejar lo que nos impide alcanzarla.
Jesús, durante su ministerio, no solo realizaba milagros; también hacía preguntas profundas, como esta: “¿Quieres ser sano?” ¿Por qué preguntaba algo tan obvio? Porque Él conocía el corazón humano. Sabía que no todos están listos para soltar lo que los ata, y que muchos prefieren la comodidad del dolor conocido antes que el esfuerzo de una libertad transformadora.
Hoy, esa pregunta sigue viva, dirigida a ti y a mí: ¿De verdad quieres ser sano?
1. No todos quieren ser sanados, porque sanar implica renuncia
Jesús no hablaba solo de curar el cuerpo, sino de transformar el alma. Sanar implica dejar atrás costumbres, pensamientos, relaciones y hábitos que nos han atado por años. Y eso duele. Muchos quieren ser liberados, pero no están listos para soltar sus cadenas.
Sanidad no es solo recibir un milagro, es abrazar una vida nueva. Es decirle “no” al pasado, y “sí” al propósito de Dios. Pero eso cuesta. Por eso Jesús preguntaba: “¿Quieres ser sano?” Porque sabía que no todos estaban dispuestos a renunciar a lo que los destruía.
¿Estás dispuesto a dejar lo viejo atrás? ¿O seguirás prefiriendo la seguridad de lo que conoces, aunque te dañe? La plenitud de Dios está del otro lado de la obediencia. Solo cuando soltamos lo que nos ata, podemos recibir lo que Él preparó para nosotros.
2. Jesús puede restaurarte, pero el primer paso es tuyo
Jesús tiene poder para sanarte, restaurarte y transformarte. Pero Él no impone Su obra. Él espera tu decisión. La puerta está abierta, pero tú debes cruzarla.
Él es el Dios de la restauración. Puede sanar tu corazón roto, restaurar los años que perdiste, levantar lo que el enemigo destruyó. Pero si no dejas que Dios sane tu herida, terminará afectando a personas que no fueron las causantes de tu dolor. La herida que escondes terminará por consumirte.
Dios nos restaura desde adentro, renovando nuestras fuerzas, guiándonos por sendas de justicia, como dice el Salmo 23:3. A través de la oración, la fe y la obediencia a Su Palabra, experimentamos el poder de Su amor. Él no se ha alejado. Él está a tu lado, esperando que digas “sí”.
Conclusión
En tu momento más débil, cuando pensaste que todo estaba perdido, Dios te habló. Su voz suave te recordó:
“No te rindas… porque justo aquí, donde crees que todo termina, es donde Yo empiezo a obrar con poder.”
Él ha visto tu dolor, tus luchas ocultas, tu cansancio interior. Y aunque Jesús tiene el poder para sanarte, no forzará tu decisión. Él pregunta: “¿Quieres ser sano?” Porque la verdadera libertad comienza cuando tú decides soltar lo que te ata.
Ya no vivas aferrado a lo que te rompe. Ya no escondas una herida que solo Él puede sanar.
Si el Hijo te hace libre, serás verdaderamente libre.
Pero solo tú puedes dar el paso. Solo tú puedes decir: “Sí, Señor… quiero ser sano.”
Entonces te pregunto una última vez, con todo el amor de Cristo:
¿De verdad quieres ser sano?
¡Creciendo en la Palabra y viviendo juntos en santidad!

Luiggi Naveda
Pastor Asistente

El señor bendiga a nuestros pastores por su Guia