EL AMOR EN LOS DÍAS DE SAN VALENTÍN
“El amor nunca deja de ser…”
1 Corintios 13:8
Con la emotiva venta de flores, entrega de cartitas y chocolates, las visitas a los cafés o restaurantes, que por la fecha están llenos de parejas; celebrando el día del amor. ¿Qué clase de amor se celebra? Cuando en no pocos casos, en el nombre de ese amor, se han realizado los actos más deshonrosos y abusivos. Se han cometido los actos más ignominiosos y se han fraguado las más torpes y necias infidelidades.
Muchos celebran el día de San Valentín, considerado por la tradición como el santo del amor. Cuando la verdadera historia se pierde en la nebulosa de los tiempos. Se dice que el primer San Valentín del cual registra la historia vivió en el Siglo III d C., en época del emperador romano Claudio; el cual consideró que los jóvenes no deberían casarse, porque de solteros servían mejor al ejército. A esto, se opuso Valentín, el cual siguió celebrando bodas de cuanto joven lo solicitara. Y como represalia, Claudio lo envió a la cárcel. Allí Valentín se enamoró de la hija del carcelero, a la cual escribió una tarjeta con una cita que decía: “Amor, tu Valentín.” Lo que sí es seguro es que ese Valentín murió aproximadamente el 270 d.C.
Otros dicen que fue la iglesia, quien decidió celebrar a mediados del mes de febrero una fiesta al amor, para tratar de «cristianizar» una fiesta pagana y obscena a la diosa Lupercalia, cuya celebración involucraba jóvenes desnudos castigando a mujeres que exhibían sus figuras desnudas en las calles. El contenido de esta fiesta era sensual y erótico; el cual nada tenía que ver con el verdadero amor que se describe en las Sagradas Escrituras, y que es considerado por muchos como el pasaje literario más grandioso del apóstol Pablo. El cual consideraba que el amor de Dios en nuestras vidas, es:
1. EL AMOR ES SUFRIDO Y BENIGNO. El amor no es un sentimiento abstracto, sino que se materializa en las acciones de los seres humanos. Por lo tanto: “El amor es sufrido, es benigno;” (1 Co. 13:4a). Es el corazón de Dios cuyo afecto no pasa con el tiempo; sino que, dura a través del tiempo y procura el bien del ser amado. El amor es generoso y noble; no cede fácilmente al enojo. Soporta pacientemente la provocación, y no está listo para afirmar sus derechos o resentirse por una ofensa. Su benignidad lo hace propenso a hacer favores y está inclinado a hacer lo bueno.
2. EL AMOR NO TIENE ENVIDIA. Jamás entra en competencias. Se despoja de cualquier sentimiento negativo al contemplar el bien de los demás. “El amor no tiene envidia” (1 Co. 13:4b). No odia, jamás participa de rivalidades.
La envidia es uno de los pecados más dañinos. No consigue otra cosa que herir a los demás y no produce nada bueno. Por eso, el amor mantiene su distancia de la envidia. La envidia, llevó a Caín a matar a Abel. La envidia puso a Jesús en la cruz.
3. EL AMOR NO ES JACTANCIOSO. Es decir, no busca figurar. “El amor no es jactancioso,” (1Co. 13:4c). Obra siempre de forma anónima. El amor no necesita ser el centro de atención para lograr algo bueno o buscar estar satisfecho con los resultados. Va en contra del deseo común y corriente de ser apreciado. El amor da porque le encanta dar, no por sentido de alabanza; sino por el sentido de gratitud. Jamás busca la admiración y el aplauso.
4. EL AMOR NO SE ENVANECE. Es decir no es arrogante, ni está centrado en sí mismo. “no se envanece.” (1Co. 13:4d). Esta clase de amor no ensancha su cabeza, sino, expande su corazón. No se llena de soberbia. No tiene un elevado concepto de sí mismo, porque estaría propenso a jactarse y a buscar alabanza de otros. Por el contrario, esta clase de amor es modesto y humilde, sin arraigo en el orgullo, donde mucha gente vive el día de hoy. No se llena de apariencias, se llena con la verdad y la honestidad.
Cuánto bien haríamos a nuestro prójimo si tan solo tuviéramos y practicaríamos estas cuatro características del amor. Celebraríamos el día del amor y de la amistad de la mano de Dios, en una felicidad cuyo gozo se expresaría en gratitud y alabanza a Dios de un lado y de completa dicha y felicidad del prójimo de la otra mano.
¡Con la expectativa de verte!

Vicente Alcántara Ulloa
Pastor Supervisor
