EL CONOCIMIENTO DE DIOS
“Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda.”
Salmos 139:1-4
Hay una enorme distancia entre el conocimiento del hombre y el conocimiento de Dios. El primero, es limitado, escaso y fraccionado, pues, lo que conoce un hombre, habrá cientos o miles de ellos que no lo conocen. Pero el segundo, es un atributo exclusivo de Dios que se llama omnisciencia, es decir, esa capacidad de conocerlo todo, de manera exhaustiva y perfectamente; aún lo más íntimo de cada ser. Tan vasto es Su conocimiento que la mente humana se pierde en Su inmensidad y se extravía en Su especulación.
Sin embargo, el autor del Salmo 139 el rey David, quien llegó a la conclusión de que Dios lo conocía tanto que lo dejaba sorprendido, al punto de decir: “Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; tal alto es, no lo puedo comprender.” (Salmos 139: 6). Ese conocimiento de Dios abarca varios ámbitos del hombre.
1. EL CONOCIMIENTO PERSONAL DE DIOS. David afirma en términos humanos que Dios nos conoce mejor que un médico lo haría, diciendo: “Oh Jehová, tú me has examinado y conocido.” (Salmos 139:1). Eso quiere decir que Él tiene un conocimiento perfecto de cada ser humano. David usa la palabra examinar para dar a entender que Dios hubiera cavado y explorado para tener una información de primera mano. Pero sabemos que Dios no tiene necesidad de esto, sino que David quiere destacar que Dios nos conoce y no superficialmente. No solo por afuera, sino lo más profundo de nuestro ser. Dios conoce nuestro subconsciente, aquella parte más íntima del ser humano, que ni siquiera él mismo lo conoce.
2. EL CONOCIMIENTO DE LAS ACCIONES. David quiere dar a notar que el conocimiento de Dios abarca aun las cosas más mínimas e insignificantes del diario vivir. Cuando dice: “Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme;” (Salmos 139:2a), el Señor está diciendo que sabe y conoce las cosas que hacemos como las que dejamos de hacer. Esto es algo sorprendente para cada uno de los mortales de esta tierra, ya que el pecado nos engaña, haciéndonos pensar que algunas cosas que hacemos no se deben de enterar tal o cual personas, sin embargo no poder esconderlas de Dios. Aquí radican muchas de las miserias que albergamos en nuestros corazones pensando que no las conoce Dios.
3. EL CONOCIMIENTO DE NUESTROS PENSAMIENTOS. A.W. Tozer dijo: “Dios sabe todo lo que puede saberse” es decir todo de manera instantánea y absoluta, por eso David expresa: “has entendido desde lejos mis pensamientos.” (Salmos 139:2b) A Dios no le hace falta tenernos al frente para generar miradas especulativas y tratar de descubrir algo, así como cualquier padre hace con sus hijos. Dios sabe y conoce todo, no hay nada absolutamente reservado que Su conocimiento no lo alcance.
Si así es el cocimiento de Dios, cuanto tendríamos que modificar nuestra teología y conducta. Incluyendo lo que imaginamos cada día y en diversas circunstancias.
¡Con la expectativa de verte!

Vicente Alcántara Ulloa
Pastor Supervisor
