¿TUS DESEOS O LOS DE DIOS?
“Pues a ninguno tengo del mismo ánimo, y que tan sinceramente se interese por vosotros. Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús”.
Filipenses 2:20-21
Vivimos en un mundo que constantemente nos anima a pensar en nosotros mismos: nuestros sueños, nuestras metas, nuestro bienestar y nuestro futuro. Es bueno tener responsabilidades, trabajar por nuestras metas y cuidar de nuestra familia. El problema comienza cuando nuestros propios intereses ocupan el lugar que le corresponde a Cristo, podemos estar tan concentrados en lo que queremos alcanzar que terminamos descuidando nuestra vida espiritual, las necesidades de otros y las responsabilidades que Dios nos ha confiado. Por eso, hoy necesitamos hacernos una pregunta sincera: ¿Estoy viviendo para cumplir mis propios deseos o estoy procurando vivir para lo que es de Dios?
En Filipenses 2:21, Pablo expresa con tristeza que muchos buscaban sus propios intereses y no los de Cristo Jesús, estas palabras nos confrontan porque es posible asistir a la iglesia, conocer la Biblia e incluso participar en algunas actividades cristianas, pero seguir viviendo principalmente para nuestros propios planes, tendemos a preguntarnos constantemente: ¿Qué quiero hacer? ¿Qué me conviene? ¿Qué puedo conseguir? ¿Cómo puedo alcanzar mis metas? Sin embargo, pocas veces nos detenemos a preguntar: ¿Qué quiere el Señor de mí? ¿Cómo puedo servirle? ¿A quién puedo ayudar? ¿Qué necesita cambiar en mi vida para agradarle?
El problema no es tener metas personales, sino perseguirlas sin considerar la voluntad de Dios.
CUANDO NUESTROS DESEOS GOBIERNAN NUESTRA VIDA, PODEMOS TERMINAR SACRIFICANDO NUESTRA COMUNIÓN CON EL SEÑOR, NUESTRA FAMILIA, NUESTRO SERVICIO Y NUESTRA OBEDIENCIA PARA CONSEGUIR AQUELLO QUE TANTO ANHELAMOS.
En medio de esta realidad, Pablo presenta a Timoteo como un ejemplo de alguien que se interesaba sinceramente por los demás, Timoteo no se limitaba a pensar en su comodidad o beneficio personal. Su preocupación por los creyentes de Filipos reflejaba un corazón comprometido con Cristo y con las personas que Él ama. ¡Qué importante es esta enseñanza para nosotros!
Una señal de madurez espiritual no es solamente cuánto sabemos de la Biblia, sino también cómo ese conocimiento transforma nuestra manera de vivir y de tratar a los demás.
¿Nos preocupamos por los hermanos que están atravesando dificultades? ¿Estamos dispuestos a invertir tiempo en acompañar a alguien que necesita ayuda? ¿Nos interesa que otros conozcan a Cristo y crezcan espiritualmente?
A veces queremos que Dios bendiga nuestros planes, pero no siempre estamos dispuestos a involucrarnos en los planes que Él nos ha confiado.
Jesús dijo en Mateo 6:33: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. Lo que nos enseña este pasaje es quetodo debe ocupar su lugar correcto bajo el señorío de Cristo. Puedes estudiar, trabajar, emprender proyectos y hacer planes para el futuro, pero necesitas preguntarte si estás haciendo todo eso de una manera que honra a Dios, quizá el Señor te está llamando a recuperar tu tiempo de oración, a reconciliarte con alguien, a servir en Su Iglesia, a compartir el evangelio o a dejar una práctica que está debilitando tu comunión con Él.
LA PREGUNTA NO ES SOLAMENTE SI ESTÁS ALCANZANDO TUS METAS,
SINO SI ESTÁS VIVIENDO DE UNA MANERA QUE AGRADA A CRISTO.
El ejemplo de Timoteo nos recuerda que Dios quiere formar en nosotros un corazón sincero, dispuesto a servir y preocupado por el bienestar espiritual de los demás.
Por eso, hoy te animo a detenerte y examinar tus prioridades delante del Señor. Si descubres que tus propios intereses han desplazado lo que es de Cristo, no te conformes con reconocerlo: arrepiéntete, busca su dirección y comienza a dar pasos concretos de obediencia.
Que nuestras metas, decisiones, relaciones y servicio reflejen que Jesús es verdaderamente nuestro Señor.
RECUERDA: NO SE TRATA DE CONSEGUIR TODO LO QUE YO QUIERO,
SINO DE VIVIR PARA AQUELLO QUE AGRADA A CRISTO.
Señor amado, examina mi corazón y ayúdame a reconocer si estoy viviendo para mis propios deseos o para cumplir tu voluntad. Dame un corazón dispuesto a servir, amar y preocuparme sinceramente por los demás. Enséñame a buscar primeramente tu Reino y a poner mis planes en tus manos. Que mi vida refleje cada día que Cristo es mi Señor y que deseo vivir para tu gloria. En el nombre de Jesús. Amén.

Alex Plasencia
Pastor Asistente
