EL PRECIO DE SEGUIR A CRISTO CUANDO NADIE MÁS LO HACE
“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame”.
Lucas 9:23
Es fácil identificarnos como cristianos cuando estamos rodeados de personas que comparten nuestra fe. Sin embargo, la verdadera prueba aparece cuando obedecer a Cristo significa ser diferentes, enfrentar burlas o renunciar a algo que deseamos. Jesús nunca ocultó el costo del discipulado: seguirlo requiere una vida rendida a su voluntad, aun cuando otros decidan apartarse.
1. SEGUIR A CRISTO SIGNIFICA NEGARME A MÍ MISMO
Jesús dijo: “Niéguese a sí mismo”. Esto significa renunciar a gobernar nuestra vida independientemente de Dios y reconocer que su voluntad tiene prioridad sobre la nuestra. Negarnos a nosotros mismos no es despreciar nuestra dignidad, sino dejar de colocar nuestros deseos por encima de lo que agrada al Señor. Esto se demuestra cuando rechazamos una práctica pecaminosa, decimos la verdad aunque nos perjudique o perdonamos cuando nuestro orgullo quiere guardar resentimiento. El verdadero discipulado comienza cuando dejamos de preguntarnos solamente qué queremos y empezamos a preguntarnos qué quiere Cristo.
¿Qué área de mi vida todavía no he rendido al señorío de Jesús?
2. SEGUIR A CRISTO SIGNIFICA ESTAR DISPUESTO A PAGAR EL PRECIO
Jesús añadió: “Tome su cruz cada día”. La cruz nos recuerda que seguirlo implica estar dispuestos a enfrentar dificultades y renunciar a aquello que compromete nuestra fidelidad. No se trata de una emoción pasajera durante un retiro, una celebración dominical, sino de una decisión que debemos renovar diariamente. Cuando nuestros amigos nos presionan para hacer lo incorrecto, cuando se burlan de nuestras convicciones o cuando obedecer significa perder aceptación, nuestra fe es puesta a prueba. El discipulado no termina cuando concluye una reunión; continúa cuando debemos obedecer a Cristo aunque hacerlo tenga un costo.
¿Estoy dispuesto a obedecer a Cristo aunque otros me rechacen?
3. SEGUIR A CRISTO SIGNIFICA CAMINAR SIGUIENDO SUS HUELLAS
Jesús concluyó diciendo: “Y sígame”. No nos llama solamente a renunciar a ciertas cosas, sino a vivir bajo su dirección. Él declaró: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15). La obediencia no compra nuestra salvación, pero evidencia una fe que transforma nuestra conducta. Seguir a Jesús significa honrarlo en nuestras relaciones, conversaciones y decisiones, incluso cuando nadie nos observa. No basta con escuchar la Palabra; debemos permitir que transforme nuestra manera de vivir.
¿Mi conducta demuestra que realmente estoy siguiendo a Jesús?
4. SEGUIR A CRISTO SIGNIFICA PERMANECER FIEL AUNQUE OTROS SE APARTEN
Juan 6:66-68 relata que muchos discípulos dejaron de seguir a Jesús. Entonces Pedro declaró: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna”. Pedro comprendió que la fidelidad no depende de cuántas personas nos acompañen, sino de quién es Cristo. Aunque otros abandonen sus convicciones o consideren exagerada nuestra obediencia, podemos permanecer firmes porque Jesús sigue siendo nuestro Señor. No seguimos a Cristo porque todos lo hacen, sino porque reconocemos que Él tiene palabras de vida eterna.
Si mis amigos dejaran de seguir a Cristo, ¿yo permanecería con Él?
Seguir a Cristo significa rendirle nuestra voluntad, aceptar el costo del discipulado, obedecer su Palabra y permanecer fieles aunque otros se aparten. No lo seguimos porque el camino sea fácil, sino porque Él nos amó y entregó su vida por nosotros.
Si hoy tuvieras que elegir entre conservar la aprobación de las personas y obedecer a Jesucristo, ¿qué elegirías? Y si tu respuesta te incomoda, ¿qué necesitas rendir hoy al Señor para seguirlo con un corazón sincero?
Avancemos con fe

Juan Carlos Chirinos
Pastor Asistente
