LA VIDA PRÁCTICA DEL CREYENTE
“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.”
Juan 16:33
En el desarrollo de la vida cristiana se presentan temporadas de desierto. Con una aridez que no se sabe qué hacer, qué decir o cómo hacer para salir de esos estados de aburrimiento, soledad e incomprensión.
Algunos argumentarán que esto se debe al descuido de la oración, de la lectura de la palabra, a la falta de compromiso con el Señor, o por último, no tener un ministerio. Querido hermano, muchos creyentes, y de los más consagrados que digamos, en la vida han experimentado estados de aburrimiento sin hallar una explicación veraz y contundente.
De lo que sí debemos estar seguros es de hacer ciertas cosas que nos permitan saber que estamos en él y con él. Estas cosas son las siguientes:
1. SERVIR AL SEÑOR. El estar ocupados sirviendo al Señor, a pesar de lo que vivamos, nos da la evidencia de que somos de él y, por gratitud y amor a él, le servimos. Ya el Señor nos dijo: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33b). Siempre hay que considerar todo lo que nos dijo el Señor. Pues parte de nuestro desasosiego es vivir todavía en un mundo controlado por el maligno, donde todas las cosas son contrarias al Reino de Dios.
2. RECORDAR QUE JESÚS ES DIOS Y HOMBRE. Muchas veces olvidamos que el Señor tiene una doble naturaleza. Como Dios, sabe todo lo que vivimos, pasamos y sentimos; como dice la Escritura: “y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre.” (Juan 2:25). Y como hombre se conmueve por lo que vivimos y pasamos, como lo muestra en la casa de Marta y María: “Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió.” (Juan 11:33). Esto, nos da garantía de lo que vivimos; Jesús está al tanto para entendernos y ayudarnos.
3. NO OLVIDAR QUE TODAVÍA TENEMOS DEBILIDADES. Esto, es algo de lo que siempre tenemos que tener presente: Nuestras debilidades, nuestras imperfecciones. Por más que vayamos en el camino de la consagración, las debilidades nos acompañarán hasta que tengamos un cuerpo transformado. De esto habló el apóstol Pablo cuando dijo: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.” (Romanos 8:26) Qué amor de Dios por cada uno de nosotros al saber que el Consolador, el bendito Espíritu Santo, nos ayuda en medio de nuestras debilidades.
No todos los días son color de rosa, hay días complicados y difíciles, en los cuales debemos de recordar que el Señor ha preparado estas cosas arriba mencionadas para nuestra ayuda y sostenimiento.
¡Con la expectativa de verte!

Vicente Alcántara Ulloa
Pastor Supervisor
