ALGÚN DÍA SERÉ NORMAL
Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón. 1 Samuel 16:7
Hace unas semanas, nuestra iglesia brindó apoyo al programa “Ruedas por el Mundo”, de la asociación Joni & Friends. Esta organización, fundada por Joni Eareckson Tada, tiene como propósito llevar esperanza, amor y dignidad a las personas con discapacidad en diferentes partes del mundo.
En una de sus conferencias, Joni compartió cómo Dios la ha hecho crecer espiritualmente a pasos agigantados por medio de su silla de ruedas. Sin embargo, después de hablar, una mujer se le acercó y le dijo: “Joni, no te preocupes, algún día serás normal como nosotros.”
Joni no se sintió ofendida, pero sí sintió tristeza. ¿Por qué? Porque esa mujer estaba cometiendo el mismo error que se menciona en 1 Samuel 16:7: enfocarse en la apariencia externa en lugar de, lo que realmente importa.
El contexto de este versículo es la elección del nuevo rey de Israel. Samuel pensó que Eliab, el hermano mayor de David, sería el escogido por Dios, porque era fuerte y alto. Pero Dios le corrigió: “el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.” Este principio sigue vigente:
El mundo exalta lo visible: fuerza, belleza, éxito, dinero, logros. Dios valora lo interno: fe, obediencia, humildad, amor sincero.
Cuando esa mujer le dijo a Joni “algún día serás normal”, en realidad estaba midiendo la vida con parámetros humanos. Pero Dios mide con otros ojos.
La respuesta de Joni nos recuerda una verdad profunda: lo que el mundo llama “normal” es relativo y superficial. Para algunos, “ser normal” es estar sano; para otros, tener una familia estable o alcanzar metas sociales. Pero la Biblia nos enseña que en Cristo ya hemos sido hechos completos (Colosenses 2:10).
Nuestra verdadera identidad no depende de la fuerza de nuestro cuerpo, nivel de nuestra inteligencia, talentos visibles o los logros alcanzados. Depende de lo que Dios dice de nosotros: que somos hijos amados, escogidos y aceptados en Cristo (Efesios 1:4-6).
¿Cuántas veces hemos caído en la trampa de compararnos con otros, deseando ser “normales” según el estándar humano? ¿Cuántas veces nos hemos sentido menos, pensando que no tenemos lo que otros tienen?
Hoy Dios nos recuerda: en Cristo ya somos suficientes. Él no nos pide parecernos al modelo de este mundo, sino reflejar a Cristo en nuestro corazón.
Lo que el mundo puede llamar “limitación”, Dios lo usa como un instrumento de crecimiento y testimonio. Así como la silla de ruedas fue para Joni un medio para acercarse más a Dios y servir a miles de personas, nuestras debilidades pueden convertirse en lugares donde se manifieste la gracia de Dios (2 Corintios 12:9).

Juan Carlos Chirinos
Pastor Asistente
