CUMPLE TU LABOR DE PADRE
“Yo, pues, te envío a hijos de duro rostro y de empedernido corazón; y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor. Acaso ellos escuchen; pero si no escucharen, porque son una casa rebelde, siempre conocerán que hubo profeta entre ellos.”
Ezequiel 2:4-5
La paternidad, sin lugar a dudas, implica una serie de responsabilidades, deberes, emociones y vínculos que se establecen con los hijos. Sin embargo, esta responsabilidad, como tantas otras, se han ido devaluando y diluyendo con el tiempo debido a diversos factores que no examinaremos aquí, debido a los límites de este devocional.
El nuevo milenio ha traído cambios significativos. Ya no cuenta el anciano, las tradiciones y la conservación de ellas; sino, el niño, lo nuevo, el cambio, la libertad. Esto ha generado un desplazamiento de la tarea de padres y maestros, en el peor de los casos. Y en el mejor de ellos, una paternidad difusa, complaciente y equivocada. Y como bien sabemos esto, no solo es producto del nuevo milenio, sino que esto está enraizado en el corazón del hombre: rebelarse contra Dios, romper los límites, hacer caso omiso a la autoridad, como ya Ezequiel lo anticipaba.
1. CORRIGE LOS DESCAROS EN TUS HIJOS
Quizá la palabra descaro, sea muy utilizada y poco comprendida; pero, tiene que ver con los atrevimientos, desvergüenzas, insolencias y faltas de respeto de los hijos, que se dan con tanta frecuencia en el trato con los padres. Este tipo de confrontación y conducta de los hijos se ha ido agravando en el tiempo y haciéndose cada vez más frecuente.
La rebeldía de los hijos, no solo es un aprendizaje social que, de por cierto, se da, sino que también obedece a una rebeldía que por naturaleza está en el corazón del ser humano y que se va a manifestar con el correr de los años de vida. Hay que recordar lo que el profeta dice: “Yo, pues, te envío a hijos de duro rostro y de empedernido corazón; y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor.” (Ezequiel 2:4). La descripción es precisa y lamentable, ya que la palabra se refiere a hijos, que por naturaleza eran rebeldes. Y su rebeldía la dirigieron al Padre Celestial, con atrevimiento y obstinado corazón. Que se enfrenta con el rostro en alto y que se niega a reconocer su culpabilidad frente a sus actos.
2. CORRIGE CON LA PALABRA A TUS HIJOS
Nos toca a cada padre hacer la labor que le correspondió a Ezequiel, nos guste o no; no es asunto de criterios, es asunto de principios. Miremos lo que el Señor le mandó al profeta: “Acaso ellos escuchen; pero si no escucharen, porque son una casa rebelde, siempre conocerán que hubo profeta entre ellos.” (Ezequiel 2:5). La corrección debería darse independientemente de que si escuchaban o dejarán de hacerlo; la admonición o advertencia debería de darse igualmente. Aunque estos hijos parezcan gentiles, con mayor razón hay que hacerles saber lo que Dios dice en Su palabra. De esa manera, nadie podría justificarse que por ignorancia no conocían la palabra de Dios y la voluntad del Señor. Que Dios, en Su misericordia, les había dado la necesaria advertencia. Y en segundo lugar que, no tendrían excusa, ya que Dios anticipadamente les había hecho conocer.
Recordemos que vivimos en una época de tanto análisis y de tantas teorías complicadas, que lo explican todo, pero que no resuelven nada. Como padres, nos corresponde entender que ningún discurso, por más convincente que sea, va a cambiar la conducta de nuestros hijos. Solo la palabra de Dios es la medicina que todo ser humano necesita: “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra.” (Salmos 119: 9). ¡Qué Dios nos dé sabiduría para hacerlo!
¡Con la expectativa de verte!

Vicente Alcántara Ulloa
Pastor Supervisor
