NOS NECESITAMOS EN ORACIÓN
“Hermanos, oren también por nosotros…”
1 Tesalonicenses 5:25 RVR60
La autosuficiencia no es parte del diseño divino de Dios para nuestras vidas. Cuán importante es que como creyentes recordemos siempre que nuestra fuerza proviene de Dios, y en el caminar de nuestra vida cristiana, necesitamos el apoyo, la ayuda y la compañía de otros hermanos.
El Apóstol Pablo lo entendía muy bien. Pidió a los tesalonicenses, sus hermanos en la fe que oraran por él y por quienes le acompañaban en el ministerio. Aunque servía a Dios con mucha entrega, reconocía que no bastaba solo con su esfuerzo. Necesitaba el respaldo espiritual de la Iglesia. Para Pablo, la oración de los santos era vital, porque entendía que, sin la intervención de Dios, nada podía lograr.
Hermanos, a lo largo de nuestra vida cristiana necesitamos el respaldo de aquellos que caminan con nosotros en la fe: hermanos que oren por nosotros, que nos sostengan cuando las fuerzas nos faltan y que nos animen cuando las pruebas se hacen difíciles.
Siempre recuerdo las palabras de un pastor que dice: “no somos islas para estar solos y aislados”. Y es cierto, porque la vida cristiana no se diseñó para vivirse en soledad, sino en comunidad. El mismo Señor Jesús envió a sus discípulos de dos en dos (Marcos 6:7), mostrando que necesitamos caminar acompañados.
Muchas veces, por orgullo o temor, preferimos guardar silencio y no compartir con otros las luchas que llevamos en el corazón. Pero la Palabra de Dios nos recuerda:“Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.”(Gálatas 6:2)
Esto significa que Dios quiere que nos ayudemos los unos a los otros. No se trata solo de recibir ayuda, sino también de darla, de estar dispuestos a levantar al hermano caído y animar al que está débil.
La iglesia es el cuerpo de Cristo, y en un cuerpo todos los miembros son importantes. Pablo lo explica de esta manera:“Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.”(1 Corintios 12:12)
Esto nos enseña que nadie puede decir: “no necesito de los demás”. Nos necesitamos mutuamente para crecer, para perseverar y para mantenernos firmes en la fe.
Hermano y hermana, la vida cristiana no se vive en soledad; las verdaderas victorias se alcanzan en comunidad. Hay momentos en los que el alma clama por ayuda, y es ahí donde la comunión, cobra sentido: estar cerca, compartir cargas, sostenernos en oración. Un amigo genuino no solo celebra nuestras alegrías, sino que también se une a nuestras batallas, intercediendo cuando más lo necesitamos.
¡Creciendo juntos!

José Miguel Olave
Pastor de Adoración y Artes
