EL VERDADERO DISCÍPULO DE JESÚS: SAL DE LA TIERRA
“Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres”.
(Mateo 5:13)
1. Hay mucho contenido en este versículo, pero lo principal es el carácter de los discípulos de Jesús.
El carácter del creyente o discípulo de Jesús “es como la sal”, ellos son llamados y designados para ser la sal de la tierra. Cristo quiso decir que:
a. La sal es distintiva: es totalmente diferente a la comida o al objeto sobre el cual se la echa. Los creyentes, al igual que la sal es diferente al mundo, en sus vidas y testimonio, deben guardarse sin mancha del mundo (Sgto, 1:27).
b. La sal preserva: evita que las cosas se echen a perder y se descompongan. Limpia y desinfecta, los creyentes, igual que la sal, deben limpiar, preservar y desinfectar al mundo para evitar que los gérmenes del mundo descompongan demasiado las cosas, salvando al mundo de la corrupción (1 P. 1:22-25).
c. La sal penetra: inserta una nueva calidad, sustancia y vida. Los creyentes deben penetrar al mundo e insertarle nueva vida (2 Co. 5:17).
d. La sal otorga sabor: influye sobre el gusto de las cosas. Convierte una comida sin gusto o insípida, en sabrosa. Los creyentes deben dar sabor e influenciar al mundo para Cristo y hacerlos sabrosos en el mundo (Ga. 5:22-23).
e. La sal se esparce: en todas direcciones. Una pizca tiene un extenso efecto. La sal de un creyente se esparce lejos en todas direcciones (Hch. 4:20).
2. El lugar de su ministerio del “verdadero discípulo” en la tierra, es el lugar donde se deben mover para salarlo (vivir y ministrar): porque el mundo es sin gusto, insípido, decayendo, descomponiéndose corrupto y pestilente.
HERMANOS:
– Demasiados creyentes viven como si ya estuvieran en el cielo, salvos y seguros de todo daño. No le prestan suficiente atención al mundo, a sus necesidades o a su proceso de descomposición y corrupción. Entre tanto los creyentes han sido llamados a salar y dar sabor a la tierra, no al cielo.
– En un sentido la iglesia es la fábrica de sal, y el mundo el mercado de sal. Hay demasiada sal depositada y encerrada en la iglesia, No se está enviando suficiente al mercado, y el mundo no está siendo condimentado (Lc. 10:2).
3. La misión de los “verdaderos discípulos de Cristo” es “salar la tierra”.
Antes que el creyente desee salar la tierra, tienen que hacer dos cosas:
a. Tienen que tener la sal en sí mismos (Mr. 9:50).
b. Como creyentes debemos esparcirnos en el mundo, su sal es necesaria y útil.
El éxito de misión pertenece al “verdadero discípulo”(Mat. 28: 19-20).
4. El peligro que corre el creyente es el de volverse inútil y destructivo.
a. En el tiempo del Señor la sal de Palestina era recogida de manera tal que estaba mezclada con suciedad y otras impurezas, entonces se volvía inútil e inservible; destruía la fertilidad de la tierra.
b. El párrafo anterior nos muestra que el creyente deja su testimonio y se vuelve inútil, igual que la sal inservible. Pierde su valor. Puede ser echado fuera y pisoteado. Destruye la fertilidad de algunos que están en el mundo porque se convierte en un tropiezo y no puede salarlos. (Lc. 9:62).
c. Si la sal del creyente pierde su sabor, experimentará el juicio de Dios:
– Será echado fuera (Mt. 5:13).
– Será desechado (1 Co. 9:27).
– Experimentará pérdida cuando aparezca ante el Tribunal de Cristo (2 Co. 5:10).
HERMANOS:
– Si la sal pierde su sabor ¿qué le podrá restaurar su sabor? No hay nada. Una vez que el sabor salado se ha ido de la sal. Ya no puede salar la tierra,
– Solamente Cristo puede salar y salvar a una persona.
Destruyendo barreras

José Cabanillas
Pastor Asistente
