¿JUSTOS ANTE DIOS?
“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de
pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado.”
Salmo 1:1
Si alguna vez has entrado al mar o a un río de corriente fuerte, sabrás que no necesitas esforzarte para moverte; basta con quedarte quieto y, casi sin darte cuenta, la corriente te habrá arrastrado varios metros lejos de tu punto de partida.
En la vida espiritual ocurre exactamente lo mismo. El Salmo 1 nos presenta una radiografía perfecta de cómo funciona la sutil corriente del mundo. El salmista no dibuja zonas grises: o estamos firmes en Dios, o nos estamos dejando arrastrar por la corriente del pecado.
El Salmo 1:1 nos advierte sobre esta corriente del mundo que nos puede arrastrar. “No debemos andar en consejo de malos […]”; la caída del creyente nunca es repentina; comienza con una conversación. «Andar» tiene que ver con el movimiento cotidiano, con las voces que permitimos que influyan en nuestra mente. ¿De dónde proviene la sabiduría con la que tomas tus decisiones familiares, financieras o laborales? ¿Viene de la Palabra de Dios o de los criterios de éxito, egoísmo y relativismo que promueve el mundo?
El justo cuida sus oídos porque sabe que lo que hoy escucha de forma casual, mañana gobernará sus decisiones.
En segundo lugar, nos dice que no “[…] debemos estar en camino de pecadores […]” No se trata de aislarnos en una burbuja, sino de no mimetizarnos con el pecado de nuestro entorno. Si toleras el chisme, la deshonestidad en los negocios o la impureza en tus conversaciones solo «por encajar», la corriente ya te está arrastrando. Hemos sido llamados a ser luz en la oscuridad, no a ser parte de las sombras.
En tercer lugar, “[…] No debemos sentarnos en silla de escarnecedores”. Este es el destino final de la deriva espiritual: sentarse. Representa comodidad, pertenencia y endurecimiento. El escarnecedor no es solo el que peca, sino el cínico que se burla de lo sagrado, el que critica a la Iglesia, desacredita a sus líderes y mira con desprecio el consejo divino cuando este confronta su orgullo. Esta persona se ha vuelto insensible. Ya no reacciona a la corrección de la Palabra; al contrario, justifica su pecado y juzga a quienes intentan vivir en santidad. Es la parálisis espiritual total.
El Salmo 1 nos muestra que nadie se levanta una mañana decidido a ser un escarnecedor. Es un proceso lento: primero escuchas el consejo equivocado (andas), luego te acostumbras a su estilo de vida (te detienes) y, finalmente, adoptas su misma actitud cínica ante Dios (te sientas).
ORACIÓN:
Padre, te pido perdón por las veces en que, de manera sutil y silenciosa, me he dejado arrastrar por la corriente de este mundo. Guarda mis oídos de los malos consejos, guarda mis pies de los caminos de pecado y guarda mi corazón del orgullo y la altivez. Ancla mi vida a tu verdad para que pueda dar frutos a su tiempo, viviendo como un verdadero justo delante de ti. En el nombre de Jesús, amén.

Alex Plasencia
Pastor Asistente
