EL CONSOLADOR QUE TODOS TENEMOS
“El cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.”
2 Corintios 1:4
Sin duda, que en los momentos más difíciles de la vida, necesitamos de una mano amiga, de un abrazo o de un acompañamiento mientras dure el tránsito difícil por el que pasamos. Sin darnos cuenta de que Dios ha provisto para cada uno de sus hijos un Consolador divino, el cual vendrá a nosotros para guiar, ayudar y socorrer al que vive la dificultad.
La ventaja de ser creyente y confiar en el Señor Jesucristo, es una garantía de que tenemos a ese Consolador divino alojado en nuestro corazón; de allí que Su intervención sea segura, precisa e inmediata. El no creyente, sencillamente no lo tiene y por lo tanto se sentirá huérfano, sin orientación ni apoyo. Pero lo que tiene que hacer el no creyente es ser consciente de su lejanía de Dios, las barreras que levanta por no confesar sus pecados. Acercarse a Dios y pedirle venir a morar en él. Esto lo pondría en igualdad de condiciones con el creyente. Y ambos se darán cuenta de que tenemos un Consolador muy apropiado, ya que:
- SU CONSOLACIÓN ES PERSONAL. Como dice el texto: “El nos consuela” (2 Corintios 1:4a) No nos trata a todos de manera general, sino que Su consolación viene a la medida de nuestras tristezas, angustias, o tribulaciones que estoy viviendo o que estoy pasando. Vale la pena decir que Su consolación es precisa, porque calza perfectamente con la necesidad de cada uno. Es decir que Su consolación viene adaptada a mi necesidad o al momento que estoy pasando; porque él no solo lo conoce, sino también lo siente.
- SU CONSOLACIÓN ES COMPLETA. ¿Y cómo lo sabemos? El mismo texto lo dice: El cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones,” (2 Corintios 1:4b) Su consolación es oportuna sin considerar la clase de tribulación que pacemos. Aunque tribulación significa estar estrecho, sin espacio, oprimido, perseguido, afligido. Es hallarse entre “la espada y la pared”. Es estar bajo un peso que oprime al punto que logra hacer colapsar. Él nos consuela cualesquiera que sean nuestras tribulaciones. No es que consuele en unas y otras no; mas bien lo hace en todas y siempre. Es más, él lo hace en el momento preciso, porque él es “Padre de toda consolación” (2 Corintios 1:3c)
- SU CONSOLACIÓN TIENE UN PROPÓSITO. Como el mismo texto lo dice: “para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.” (2 Corintios 1:4c). Es interesante lo que el apóstol Pablo nos enseña, dice que Dios nos prepara para que nosotros podamos comprender y ayudar a quienes se hallan en diversas circunstancias desgastantes por medio de la consolación que hemos recibido. Primero, Dios permite el dolor, la aflicción en nosotros para que seamos consolados por él, de tal manera que aprendamos y podamos ayudar a otros, con el mismo consuelo con el que Dios nos consoló.
Una de las cosas para tener en cuenta es que: “Es en la aflicción donde se crece, y es en el dolor donde se madura”- MIGUEL NÚÑEZ.
¡Con la expectativa de verte!

Vicente Alcántara Ulloa
Pastor Supervisor
