FUENTE DE VIDA ES LA BOCA DEL JUSTO
“Habla a favor de los que no pueden hablar por sí mismos; garantiza justicia para todos los abatidos”
Proverbios 31:8
A muchos nos ha pasado que, en ocasiones, hemos tenido conversaciones irrelevantes o charlas que no llevan a nada. Palabras que se dicen por costumbre, por pasar el tiempo o simplemente sin pensar en el efecto que pueden tener en quienes nos escuchan.
Me gusta mucho que este versículo en Proverbios 31:8 nos llame a ser defensores de aquellos que no tienen voz, a hablar en favor de quienes no pueden defenderse por sí mismos. Este versículo es un recordatorio de que nuestras conversaciones no deben ser solo para nuestro beneficio o entretenimiento, sino que debemos buscar intencionadamente aquellas palabras que traerán luz y esperanza a los corazones de los que están sufriendo.
Lo que nos muestra este y otros versículos similares es que la boca de los sabios debe actuar a favor de los demás. Eso es lo que enseña Proverbios 10:11 cuando dice: “Fuente de vida es la boca del justo”. Las palabras de los que temen a Dios deben tener un propósito, no son para tirarlas al viento.
El apóstol Pablo también escribió: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes” (Efesios 4:29).
Cada palabra que pronunciamos tiene el poder de construir o destruir, de acercar o alejar, de animar o desanimar. Por eso, como creyentes, debemos pedir al Señor sabiduría para hablar de manera que nuestras conversaciones reflejen el carácter de Cristo.
¿Cómo podemos aplicar esto a nuestras vidas?
Escuchar: Para poder hablar con sabiduría, necesitamos primero escuchar. A veces, la mejor manera de abrir la boca es solo estar presente para escuchar a quienes nos rodean. Las personas a menudo necesitan más que consejos; necesitan ser escuchadas, comprendidas y valoradas.
Conversaciones que edifiquen: Las conversaciones que realmente edifican no son las que nos hacen sentir mejor por nosotros mismos, sino aquellas que ayudan a otros a crecer, sanar y encontrar paz. Hablar de manera honesta, pero con compasión, puede cambiar vidas.
Hermanos, Dios nos llama a hablar con amor, generosidad y gracia, buscando siempre la restauración de aquellos que nos rodean.

José Miguel Olave
Pastor de Adoración y Artes
