LA OBEDIENCIA A DIOS
“Oye, pues, oh Israel, y cuida de ponerlos por obra, para que te vaya bien en la tierra que fluye leche y miel, y os multipliquéis, como te ha dicho Jehová el Dios de tus padres”
Deuteronomio 6:3
En los versículos 1-3, los mandamientos parecen denotar la ley moral, los estatutos de la ley ceremonial y de los juicios de la ley, por la cual los jueces decidieron. Moisés enseñó a la gente de todo esto. Así, los ministros de Cristo deben enseñar a sus iglesias todo lo que ha mandado el Señor en Mt 28:20.
Israel tiene que aprender las leyes y los decretos que Dios había dado para regular la vida comunitaria de su pueblo.
El temor de Dios en el corazón será el “principio más poderoso de la obediencia”. Es muy conveniente que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos puedan temer al Señor y avanzar la justicia asegurando la prosperidad de los pueblos.
Israel había deambulado durante cuarenta años por el desierto; ellos iban a alcanzar una tierra donde fluían la leche y la miel, pero “por ser desobedientes” perdieron esta bendición durante este tiempo.
Moisés estaba decidido a evitar que su pueblo cometiera el mismo error, así que les estimulaba el deseo de llegar a esta hermosa tierra y les explicaba las condiciones para entrar en ella, preocupándose de que las generaciones sucesivas mantengan la obediencia a las leyes de Dios que “aseguran vida y prosperidad”.Al ingresar a la tierra de Canaán, tendrían que observar los decretos recibidos en el monte Sinaí y así aprender a “temer a Su Dios”.
“El temor de Jehová” y esa obediencia producen bienestar a la comunidad y el temor constante de Dios resultaría en prosperidad y aumento de la nación.
La expresión “la tierra que fluye leche y miel” señala la fertilidad de la tierra que Dios había dado a Israel y la gran bendición que el pueblo había recibido de manos de su Dios. Debemos recordar que la dádiva de la tierra de Canaán es una real demostración de “la fidelidad de Dios de cumplir su promesa a los patriarcas”.
¡Hermanos!
¿Por qué ir a la iglesia, leer la Biblia o asistir a conferencias cristianas? Pues porque el Padre le está diciendo.
Hay que razonar que, si el Señor te enviara una carta personalizada y firmada por Él, ¿la pondrías a un lado y la leerías después de algo más importante para ti? Por supuesto que no. Abrirías la carta con reverencia, leyéndola atentamente y tal vez la volverías a leer en forma constante.
Por desgracia, hay muchos creyentes que nunca le dan valor a lo que el Señor les está diciendo. Son oyentes pasivos, no intervienen en el proceso de escuchar ni son transformados en su interior. De manera triste, se pierden el gozo y el poder de la vida cristiana.
Usted no tiene que ser así.
Por último, el Señor Jesús nos dio el mejor ejemplo de obedecer la ley de Dios e insistiendo en la importancia de hacerlo con amor y reverencia lo que dispuso Su Padre Celestial.
Usted tiene una carta personal de Dios: “Las Escrituras”; ellas lo transformarán conforme las aplica a su vida. Hermano, abra su Biblia y escuche al Padre con pasión, porque de esa manera conocerá cada día más y más al Padre y pídale que le enseñe a ser oyente activo, aumentando tu amor por Su palabra.
¿Sigues el ejemplo del Señor Jesús, quien obedeció con amor y reverencia la ley de Su Padre?
¿Eres un oyente pasivo o activo?
Destruyendo barreras

José Cabanillas
Pastor Asistente
