LA AMISTAD CON DIOS 2
“Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.” (Juan 15:14)
Dios en el Antiguo Testamento, estableció amistad con un hombre que fue Abraham; y lo hizo bajo dos parámetros fundamentales: La obediencia y la confianza. Pero, cuando vino el Señor Jesucristo, sin variar la fórmula ya establecida por el Padre Celestial para lograr Su amistad, también mencionó que Su amistad se basaba precisamente en la obediencia. Pero una obediencia que guarda varias implicancias, de las cuales nosotros podemos estar seguros por lo menos de tres de ellas: La permanencia, la fructificación y el amor.
Estas tres características están desperdigadas o esparcidas en todo el evangelio de Juan. Aquí lo veremos cada una de ellas:
1. REQUIERE PERMANENCIA. La exigencia de parte de Jesús es clara: “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, sino permanece en mí, así tampoco vosotros, sino permanecéis en mí.” (Juan 15:4). La permanencia del discípulo en la vida del Maestro es clave y clara. Al punto que el verbo se torna tan importante que, tan solo en los primeros 14 versículos del capítulo 15 de Juan, se repite 10 veces el verbo permanecer o sus derivados. Por otro lado la analogía utilizada aquí: la vid, ramas y tronco; muestra con mucha claridad la importancia que debe de guardar la interdependencia entre el Señor y sus discípulos. Mostrando que la vida o vitalidad no están en las ramas (los discípulos), sino en el tronco (Jesús). De allí la exigencia o imperativo de permaneced.
2. REQUIERE FRUCTIFICACIÓN. La vida del discípulo no es estática, sino dinámica. Es una vida en constante crecimiento y reproducción. Y esta es la intencionalidad del Señor, de mostrar que en el Reino de Dios (la iglesia), todo debe apuntar al crecimiento del discípulo y su reproducción, para extender el Reino de los cielos en esta tierra. Es imposible dar fruto, sino hay una ligazón clara y fuerte entre el discípulo y Su Señor, entre el Maestro y el alumno. Y esto, solo se puede dar a través de una clara dependencia. Las evidencias se muestran: “Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, sino permanece en mí, así tampoco vosotros, sino permanecéis en mí.” (Juan 15:4b). Igualmente se puede notar en: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto…” (Juan 15:5a) la fructificación es señal de una buena amistad caracterizada por la unión y la dependencia del discípulo a Su maestro.
3. REQUIERE AMOR. En el Reino de los cielos, nada sucede desligado el amor. Todo vínculo, toda decisión, todo trabajo o esfuerzo que se haga, debe de estar permeado por el amor. El amor es el pegamento que une todas las actividades. El mejor y mayor de los ejemplos viene precisamente del mismo Señor Jesucristo, el cual dice: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.” (Juan 15:13). El amor del Señor por los suyos fue más allá de las palabras; Su sacrificio y muerte en la cruz es la evidencia suprema de cuánto nos amó y nos ama aún. Este es el modelo y demanda para sus discípulos. Y se constituye el mejor de los ejemplos de cómo se ama al punto de ir al sacrificio.
Nuestra amistad con el Dios Trino (la Trinidad), deberá de revestir estas características: Permanencia, fructificación y amor. Si tienes y mantienes estas características, sin lugar a dudas hay una amistad entre Dios y tu persona. ¡Enséñale a otros!
¡Con la expectativa de verte!

Vicente Alcántara Ulloa
Pastor Supervisor
