HONRANDO LA SANTIDAD DE DIOS
“Cuando llegaron a la era de Nacón, Uza extendió su mano al arca de Dios, y la sostuvo; porque los bueyes tropezaban. 7 Y el furor de Jehová se encendió contra Uza, y lo hirió allí Dios por aquella temeridad, y cayó allí muerto junto al arca de Dios.”
2 Samuel 6:6-7
A veces podemos hacer cosas para Dios con un corazón sincero y aun así estar equivocados. El relato de Uza nos muestra justamente eso. Había alegría, música y buenas intenciones mientras llevaban el arca del pacto. Todos querían honrar a Dios. Sin embargo, olvidaron algo esencial: Dios ya había dicho cómo debía hacerse.
El arca representaba la presencia de Dios entre su pueblo. No era un objeto común. Dios había establecido límites claros sobre cómo debía ser tratada. Pero Israel decidió usar un carro, imitando el método de los filisteos, en lugar de obedecer la instrucción divina. Poco a poco, se habían acostumbrado a la cercanía con lo sagrado y dejaron de tratarlo con el cuidado que merecía.
Uza extendió su mano cuando el arca parecía caer. Su reacción fue rápida, casi automática. Humanamente, su gesto parece correcto. Pero ese acto reveló algo más profundo: habían llegado a pensar que la presencia de Dios podía manejarse como cualquier otra cosa. La familiaridad había reemplazado la reverencia.
Este pasaje no nos habla de un Dios severo sin compasión, sino de un Dios santo que desea ser honrado. La santidad de Dios nos recuerda que Él no es como nosotros. No podemos acercarnos a Él de cualquier manera ni según nuestra conveniencia. Dios se preocupa por cómo le adoramos porque sabe que la obediencia protege nuestra relación con Él.
Hoy también corremos el riesgo de perder el asombro por Dios. Podemos acostumbrarnos a orar, cantar y servir, pero hacerlo sin un corazón conectado con Su presencia. A veces elegimos lo rápido, lo cómodo o lo que produce emoción, y dejamos de lado lo que Dios ha pedido claramente en Su Palabra. El entusiasmo es bueno, pero nunca debe reemplazar la obediencia. Dios busca corazones rendidos, no solo actividades religiosas.
Después de este incidente, David se detuvo, reflexionó y corrigió el camino. Cuando volvió a intentar llevar el arca, lo hizo como Dios había indicado. Entonces hubo gozo verdadero y bendición. Esto nos da esperanza: cuando reconocemos nuestros errores y volvemos a la obediencia, Dios restaura.
Honrar la santidad de Dios significa vivir con un corazón sensible, humilde y dispuesto a escuchar. Significa reconocer los límites que Él ha establecido y confiar en que Sus caminos son siempre mejores. Dios no necesita que lo sostengamos; somos nosotros quienes necesitamos descansar en Él.
Avancemos con fe

Juan Carlos Chirinos
Pastor Asistente

Amén 🙏