UN PESEBRE ORDINARIO A LO EXTRAORDINARIO
“Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón”
Lucas 2:7
El pesebre de Navidad es uno de los símbolos más tradicionales y significativos de la festividad navideña. Representa el nacimiento de Jesucristo, quien es el evento central de la Navidad, y es una representación visual de la historia del nacimiento de Jesús en Belén.
El término «pesebre» se encuentra profundamente arraigado en la narrativa bíblica, especialmente en el contexto del nacimiento de Jesús. Veamos el significado, la relevancia de la palabra «pesebre», y cómo se destaca su importancia espiritual.
El pesebre no era más que un comedero para el ganado. Algo construido muy ordinariamente. La única razón por la que nosotros en este tiempo conocemos este término es porque en Las Sagradas Escrituras nos dice que el Hijo de Dios nació en un pesebre; este depósito de lo ordinario que era, de repente tenía importancia, se convirtió en extraordinario. Un comedero se convierte en la cuna del “Rey”; es una tremenda transformación.
¡Hermano!
El pesebre, como lugar de nacimiento de Cristo, simboliza la humildad y la sencillez. En un mundo donde los reyes y los poderosos son generalmente recibidos con gran ostentación, el nacimiento de Jesús en un pesebre nos recuerda que el Reino de Dios a menudo se manifiesta en lo humilde y lo despreciado.
“El pesebre es el símbolo de lo que puede suceder a una persona ordinaria, común, trabajadora, pero pecadora. Cuando estas personas caen de rodillas en arrepentimiento pidiendo la gracia de Dios, Él te puede otorgar a través de Su hijo La Salvación e iniciar a vivir dentro de Ud.”
La referencia más famosa al pesebre en la Biblia se encuentra en el Evangelio de Lucas 2:7. Este pasaje es fundamental porque establece el contexto humilde en el que nació Jesús, destacando su identificación con los más pobres y desvalidos.
El pesebre como símbolo de humildad resuena con varios principios bíblicos; veamos uno de ellos:
“Sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”
(Filipenses 2:7-8)
Este acto de humildad es un modelo para los creyentes, que son llamados a vivir como Jesús en humildad y sirviendo a los demás.
El pesebre también se ha convertido en un símbolo de esperanza y renovación espiritual. En un mundo que a menudo se observa caótico y desprovisto de paz, la imagen del niño en un pesebre nos recuerda que la “Luz de Cristo” brilla en las circunstancias más oscuras.
¡Hermano!
Cuando antes te preocupabas en agradar a las multitudes, ahora agrada a Dios por Su amor, gracia, pureza, ternura, generosidad. Dios te puede transformar como Jesús lo hizo con el pesebre, convirtiéndolo de lo ordinario a extraordinario.
¿Le permitirá usted al Señor que haga esa clase de transformación en su vida?
En estas navidades debes caer de rodillas en arrepentimiento, y dejar de vivir una vida ordinaria y empezar a vivir una extraordinaria.
Destruyendo barreras

José Cabanillas
Pastor Asistente
