UN SERVICIO DE EXCELENCIA 2
“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo.” (Filipenses 2:3)
Qué difícil es escapar a la mala formación o mejor dicho a la deformación de nuestra alma, con sus propias aspiraciones, anhelos y ambiciones; que tan pronto no se hagan presente en ese sentir de competencia y de vanidad muy propio de naturaleza humana, en las tareas de liderazgo que nos corresponde desarrollar.
Sin embargo, en los caminos del Señor y más aún en las tareas inherentes al liderazgo, es preciso desarraigar algunos de esos sentires muy humanos, pero nada espirituales. Que combaten por buscar ser el mejor y acariciar el reconocimiento en un mundo tan competitivo en el cual nos desenvolvemos, y llevarnos hacia un ministerio que es concedido por gracia y jamás por merecimiento alguno. De allí qué el apóstol haga la recomendación precisa y preciosa que algunos pastores, líderes, ancianos, y líderes en general, aún no lo vean como imprescindible para poder agradar a Aquel que “nos tomó como soldados”, en esa preciosa tarea que es la enseñanza y el discipulado.
El apóstol Pablo, nos da tres recomendaciones a observar a todos aquellos que de una u otra manera desempeñamos el rol de líderes en cualquier iglesia donde nos corresponda servir. Estas son:
1. NO ACTUAR POR COMPETENCIA. Las Sagradas Escrituras son muy claras en afirmar este principio de liderazgo que muchos no lo consideran y lo que es peor aún, hacen caso omiso a: “Nada hagáis por contienda…” (Filipenses 2:3a). La cultura que nutre nuestro conocimiento, desarrollo y competencia en el ámbito académico y emocional es la más competitiva, es la cultura occidental, nutrida por el pensamiento griego primero y romano después. Ese pensamiento es sobresalir para ganar, dejar a otros atrás, para después hacer comparaciones; que permiten el desarrollo individual sí, pero no, el crecimiento espiritual, sin darse cuenta de este adverbio: “Nada hagáis por contienda…” (Filipenses 2:3a).
2. NO BUSCAR EL PRESTIGIO PERSONAL. Qué difícil es hallar creyentes con muchos años de servicio, y aún líderes y pastores que busquen la extensión del reino de los cielos y la gloria de Cristo Jesús. Muchos están buscando construir su propio reino, de hacerse un nombre y tener un prestigio. De allí que cuando dejan el ministerio, hacen una serie de pataletas, considerando que la iglesia no será la misma sin su participación. Han olvidado la advertencia: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria…” (Filipenses 2:3b). Recordemos que en la iglesia hay un solo trono, una sola corona y un solo cetro, y todo eso le pertenece a nuestro amado Jesús.
3. TODO HACERLO HUMILDEMENTE. El apóstol aquí contrasta el comportamiento negativo de las dos anteriores recomendaciones con el comportamiento positivo que va a dar a continuación: “…antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo.” (Filipenses 2:3). Que toda tarea o ministerio que se haga, sea con una actitud de corazón humilde, sabiendo que es un privilegio al que el Señor nos ha llamado y no porque somos competentes y manejamos la mejor capacitación. Cristo se despojó de la grandeza de Dios, de la majestad de Rey, de ser único en Su género; para nacer como un hombre limitado, sujeto a toda clase de tentación pero sin pecado y mostrar que hay que pensar más en los demás, antes en uno mismo. Nos enseñó a servir al prójimo, antes que servirnos de él. Ufff…cuánto nos falta.
¡Con la expectativa de verte!

Vicente Alcántara Ulloa
Pastor Supervisor

Amén la Gloria para nuestro Señor! 🙏🏼