QUE TODOS ENTIENDAN LA PALABRA
“Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura.”
Nehemías 8:8
Después de setenta años de cautiverio en Babilonia, el pueblo de Israel finalmente regresó a su tierra en el siglo V a.C. Fue un tiempo de restauración, pero también de grandes desafíos, pues habían perdido muchas de sus costumbres y parte de su identidad como nación del pacto. Durante el exilio, la lengua predominante era el arameo, y como resultado, muchos judíos ya no dominaban con claridad el hebreo en el que estaba escrita la Ley de Moisés. Ante esta realidad, cuando Esdras, junto con los levitas, reunió al pueblo y leyó públicamente el libro de la Ley, no bastaba con proclamar las palabras: era necesario explicarlas y traducirlas para que todos pudieran comprenderlas. Este momento histórico nos enseña una verdad poderosa: la Palabra de Dios debe ser comunicada de manera clara y comprensible, porque solo así puede transformar la vida de quienes la escuchan.
Esta semana, en la iglesia, tuve la oportunidad de ver una película titulada “El idioma de mi corazón”. Ella nos recuerda una realidad que muchas veces pasamos por alto: somos un pueblo profundamente bendecido porque tenemos la Palabra de Dios en nuestra propia lengua. ¡Qué regalo tan grande y precioso! Debemos estar agradecidos, pues el Señor nos ha dado su tesoro más valioso: Su Palabra.
Dios no nos dejó en la oscuridad ni en el silencio. A lo largo de la historia, inspiró a hombres santos para escribir las Escrituras bajo la guía del Espíritu Santo. En su soberanía, no solo inspiró las palabras, sino que también permitió que fueran preservadas, transmitidas de generación en generación y finalmente traducidas a nuestro idioma, para que hoy podamos leerlas, entenderlas y aplicarlas con claridad a nuestra vida.
Al mismo tiempo, no podemos olvidar que todavía existen pueblos y comunidades que no tienen acceso a las Escrituras en su lengua materna. Se estima que son más de 3,000 idiomas los que aún esperan recibir la Palabra de Dios traducida. Esta realidad debe movernos a la oración y a la acción. Pidamos al Señor que levante obreros, que provea los recursos necesarios, que abra caminos y que acelere la obra de traducción en todas las naciones, porque Su deseo es que toda lengua, pueblo y nación confiese que Jesucristo es el Señor.
Que este recordatorio nos llene de gratitud y compromiso: gratitud, porque tenemos el privilegio de contar con la Biblia en nuestro idioma; y compromiso, porque debemos orar y apoyar la misión de que todos los pueblos del mundo puedan escuchar y entender la voz de Dios en el idioma de su corazón.

Juan Carlos Chirinos
Pastor Asistente

Gracias Señor porque permites que tu palabra sea comunicada con claridad y pones siervos para que tu palabra sea expuesta y nos ayude a ser comprensible 🙏🏼