CUANDO NO ENTIENDAS, AFÉRRATE A QUIÉN ES ÉL
“8 Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. 9 Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.”
Isaías 55:8-9
Hay momentos en la vida en los que enfrentamos situaciones difíciles de comprender y aún más difíciles de aceptar. Nos preguntamos: ¿Por qué está ocurriendo esto? ¿Dónde está Dios en medio de todo? En esos tiempos, nuestra fe es puesta a prueba. Pero más allá de las respuestas que podamos buscar, hay una verdad que debemos recordar: DIOS ES SOBERANO, SABIO Y BUENO.
En lugar de intentar entender cada detalle, Dios nos invita a conocer mejor su carácter. Él no siempre nos da explicaciones, pero sí se revela a nosotros. A través de Su Palabra, Su presencia en medio del dolor y Su fidelidad constante, nos muestra que podemos confiar en Él, aun cuando no veamos con claridad.
- LA VOLUNTAD DE DIOS TRASCIENDE NUESTRO ENTENDIMIENTO
La Biblia enseña que Dios tiene el control absoluto de todo. Él obra conforme a su voluntad soberana (lo que ha decidido que suceda) y nos guía por medio de su voluntad revelada (lo que nos llama a obedecer). Aunque muchas veces no comprendamos lo que está pasando, nada escapa de sus manos (Efesios 1:11).
Dios no necesita explicarnos cada paso para que sepamos que está obrando con amor. Romanos 8:28 afirma: “A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien…” Ese “bien” no siempre significa comodidad o éxito, sino crecimiento espiritual. Dios usa cada situación, aun hasta las más difíciles para formar en nosotros el carácter de Cristo (Romanos 8:29). Así, aunque haya dolor o incertidumbre, podemos confiar en que Él está obrando para nuestro bien y Su gloria.
- LA FE NO SE BASA EN ENTENDER, SINO EN CONFIAR
La fe verdadera no depende de tener todas las respuestas, sino de confiar en Dios. Hebreos 11:1 dice que la fe es “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” Es creer en lo que Dios ha prometido, aunque aún no lo veamos.
Jesús mismo mostró esa fe en Getsemaní cuando, en medio de su angustia, oró: “Padre… no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42). No fue resignación, sino confianza total. Sabía lo que vendría, pero se rindió al plan del Padre.
Así también nosotros. No necesitamos entender todo para obedecer, podemos confiar en que Dios ve lo que nosotros no vemos y que nunca abandona a los suyos. Sus planes siempre son mejores que los nuestros.
CONCLUSIÓN
Tal vez hoy estás atravesando algo que no entiendes. Hay preguntas sin respuestas, caminos inciertos. Pero Dios no te pide que entiendas todo, sino que confíes en Él. La fe no siempre cambia las circunstancias, pero sí cambia el corazón. Nos enseña a soltar el control y descansar en Aquel que nunca falla.
Dios no improvisa, no se equivoca y no llega tarde. Aunque no entendamos el “por qué”, podemos confiar plenamente en el “quién”. Él es nuestro Padre. Y si estamos en sus manos, podemos caminar en paz, aun cuando el camino sea difícil.
¡Creciendo en la Palabra y viviendo juntos en santidad!

Luiggi Naveda
Pastor Asistente
