Él es: Mi Fortaleza, Mi Escudo y Mi Canto
“Jehová es mi fortaleza y mi escudo; en él confió mi corazón, y fui ayudado, por lo que se gozó mi corazón, y con mi cántico le alabaré.” Salmo 28:7
A lo largo de nuestra vida, vamos a enfrentar momentos de incertidumbre, de soledad y de luchas internas. Hay días en los que parece que las fuerzas se desvanecen y la esperanza se ve nublada. En esos momentos, es fácil perder de vista las promesas de Dios. Pero en medio de esas batallas, este versículo resuena como un bálsamo para el alma cansada y adolorida.
David, es el autor de este salmo, él no era ajeno a la adversidad. Fue perseguido, traicionado y enfrentó enemigos físicos y espirituales. Sin embargo, su testimonio es claro: Dios es su fortaleza y su escudo. Y lo que es aún más hermoso: su confianza en Dios no se basaba en circunstancias favorables, sino en una relación viva y constante con Él.
“Jehová es mi fortaleza y mi escudo”
Aquí David reconoce a Dios como su fuente de poder y su protector. El escudo es lo que detiene los ataques directos de satanas, detiene las mentiras del enemigo, los dardos de temor y desánimo que buscan llegar hasta nuestro corazón.
Busquemos estar siempre resguardados por ese escudo que es Dios mismo.
“en él confió mi corazón, y fui ayudado”
La confianza de David no era superficial ni ocasional. Era una entrega total del corazón. Confiar no es solo decir que creemos en Dios, sino actuar, vivir y decidir desde esa fe.
Mis hermanos aveces la ayuda de Dios no se manifiesta como nosotros la imaginamos, pero siempre es perfecta y suficiente para sostenernos.
“por lo que se gozó mi corazón, y con mi cántico le alabaré.”
Cuando uno experimenta la fidelidad de Dios, es imposible no sentir gozo genuino. Y de ese gozo nace la alabanza. La gratitud no solo es un acto, es una consecuencia natural de un corazón que reconoce la mano de Dios en su vida.
Hermano y hermana, no importa cuán oscura parezca la situación, si decides confiar, serás ayudado. Esa ayuda no siempre llega de la manera o en el momento que deseamos, pero siempre llega en el momento justo y con el propósito perfecto.
Mientras esperamos, dejemos que nuestros labios le alaben, le bendigan y le adoren.

José Miguel Olave
Pastor de Adoración y Artes
