LA IMPORTANCIA DE ESCUCHAR LA VOZ DE DIOS
“Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, Como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto”
(Hebreos 3:7-8)
El contexto histórico de este pasaje describe las travesías de los israelitas por el desierto después de su liberación de Egipto. A pesar de las obras milagrosas de Dios y su fidelidad providencial para con ellos, el pueblo le falló en su comportamiento de fe y fidelidad, endureciendo sus corazones, como dice:
“Todos los que vieron mi gloria y mis señales que he hecho en Egipto y en el desierto, y me han tentado ya diez veces, y no han oído mi voz, no verán la tierra de la cual juré a sus padres; no, ninguno de los que me han irritado la verá”
(Números. 14:22-23)
Escuchar la voz de Dios es vital porque nos ayuda a caminar en su Voluntad.
Cuando aprendemos a discernir su voz por medio de:
– Espíritu Santo;
– Las Sagradas Escrituras;
– Las circunstancias;
– Otras personas;
evitaremos decisiones erradas y nos alinearemos con Su propósito para nuestras vidas. Dios quiere revelarnos cosas profundas, darnos dirección y claridad en momentos de incertidumbre, en el libro de Jeremías nos habla:
“Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces”
(Jeremías. 33:3)
Escuchar a Dios atentamente, es estar dispuestos a oír cualquier cosa que Él tenga que decirnos (corregirnos, consolarnos, reprendernos, etc.) es por eso que debemos concentrarnos con todo nuestro corazón.
Tenga cuidado: si no está dispuesto a oír lo que Él tiene que decirle, su corazón se endurecerá al Espíritu de Dios y sufrirá disciplina.
Al escuchar al Padre celestial, y depender humildemente del Espíritu Santo, no te sorprenda cuando Él traiga a tu mente asuntos de tu vida que debes cambiar. No te pongas a escoger y seleccionar lo que quieres oír. Escúchelo y obedézcalo; Él está revelándole estos asuntos para su beneficio.
Negarse a oír sus advertencias puede llevarle a la ruina.
El Salvador siempre le habla para su bien. Así que acepte lo que sea que le diga,
¡Hermano!
¡Si no escuchamos la voz de Dios y endurecemos nuestro corazón, corremos el riesgo de depender de nuestra propia sabiduría, la que puede llevarnos por caminos equivocados y sufriendo graves consecuencias!
Destruyendo barreras

José Cabanillas
Pastor Asistente
