CUANDO LAS DUDAS TOCAN LA PUERTA DE LA FE
“E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad.”
Marcos 9:24
Hay momentos en la vida en los que el corazón quiere creer, pero la mente parece levantar un muro. Oramos, leemos la Biblia y asistimos a la iglesia, pero algunas preguntas permanecen sin respuesta. ¿Dónde está Dios cuando sufrimos? ¿Por qué permite ciertas circunstancias? ¿Es razonable confiar en Él? Muchos creyentes sienten culpa por tener dudas, cuando en realidad las dudas pueden convertirse en el punto de partida de una fe más profunda. En el libro “El Caso de la Fe”, Lee Strobel presenta precisamente ese escenario: personas que anhelan acercarse a Dios, pero cuyas objeciones intelectuales y emocionales parecen detenerlas. Contrasta la vida de Billy Graham y Charles Templeton, dos hombres que enfrentaron preguntas similares, pero llegaron a conclusiones muy diferentes.
1. Dios no rechaza nuestras preguntas
La Biblia nunca presenta una fe ciega. Personajes como Job, David, Jeremías e incluso Habacuc llevaron sus preguntas delante del Señor. Dios no se escandaliza por nuestras inquietudes; lo que espera es que acudamos a Él en lugar de alejarnos de Él. La fe madura no consiste en fingir que no existen preguntas, sino en aprender a buscar las respuestas en la presencia de Dios.
2. La duda puede convertirse en un puente hacia una fe más firme
Billy Graham atravesó una profunda crisis respecto a la confiabilidad de las Escrituras. Después de luchar en oración, decidió confiar en Dios aun cuando no tenía todas las respuestas. Ese momento marcó un antes y un después en su ministerio. La diferencia no estuvo en la ausencia de dudas, sino en la decisión de rendirlas delante del Señor.
3. El intelecto y la fe no son enemigos
Con frecuencia se presenta una falsa división: pensar o creer. Sin embargo, la fe bíblica invita a amar a Dios con todo el corazón, toda el alma y también con toda la mente (Dt. 6:5). Dios nos dio la capacidad de razonar, y cuando investigamos honestamente, la verdad nunca contradice a Aquel que es la Verdad. Una fe examinada suele ser una fe fortalecida.
4. Las dudas no determinan nuestro futuro; la respuesta que damos a ellas sí
La historia de Billy Graham y Charles Templeton demuestra que dos personas pueden enfrentar preguntas similares y responder de maneras completamente distintas. Uno permitió que sus dudas lo condujeran a una confianza renovada; el otro dejó que sus dudas apagaran su fe. No siempre podemos elegir las preguntas que llegan a nuestra vida, pero sí podemos decidir qué haremos con ellas.
5. La fe encuentra descanso en la persona de Cristo
Al final, la fe cristiana no descansa únicamente en argumentos, sino en una relación viva con Jesucristo. Las evidencias son importantes, pero su propósito es conducirnos a conocer al Salvador. Como aquel padre que clamó: «Creo; ayuda mi incredulidad» (Marcos 9:24), podemos acercarnos al Señor con sinceridad, sabiendo que Él recibe tanto nuestra fe como nuestras luchas.
Las preguntas sinceras no destruyen la fe; la fortalecen cuando nos llevan a buscar a Cristo con humildad. Una fe que ha pasado por el fuego de las preguntas y permanece confiando en el Señor es una fe más madura, más firme y capaz de sostener a otros en medio de sus propias incertidumbres.
(Inspirado en la introducción de “El Caso de la Fe”, de Lee Strobel.)
Avancemos con fe

Juan Carlos Chirinos
Pastor Asistente
