ESCUCHA, RECONOCE Y SIGUE
“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,”
Juan 10:27
Jesús, nuestro Buen Pastor, no solo nos llama, sino que nos conoce profundamente. Conoce nuestras luchas, temores, debilidades y anhelos. Él no nos mira como un número en un rebaño, sino como ovejas únicas, amados y llamados por nuestro nombre. Esa es la razón por la que su voz es diferente a cualquier otra: porque viene acompañada de amor, cuidado y dirección.
Ahora bien, reconocer esa voz requiere una relación cercana. Así como las ovejas pasan cada día con su pastor hasta aprender a distinguirlo, nosotros necesitamos pasar tiempo en la presencia de Dios. La oración, la lectura de la Palabra y la obediencia diaria son los medios por los cuales afinamos nuestro oído espiritual. Si no cultivamos esa intimidad, fácilmente caeremos en la confusión de seguir voces ajenas que parecen buenas, pero que llevan a la perdición.
La vida cristiana no es sencilla. El mundo está lleno de distracciones, de ruidos y de llamados falsos que intentan apartarnos del camino de Dios. A veces incluso nuestra propia voz interna, cargada de dudas o deseos egoístas, que pueden desviarnos. Sin embargo, en medio de ese ruido, la voz de Jesús permanece clara y firme para quienes le buscan. Él nos recuerda: “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas” (Juan 10:11).
Además, ser ovejas del Buen Pastor no es un título que nos damos nosotros mismos, sino un regalo de Dios. La Biblia dice: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.” (Juan 1:12-13)
Esto significa que no todos son hijos de Dios, sino aquellos que han recibido a Cristo como Señor y Salvador. Y para estos, ¡qué privilegio tan inmenso! No solo hemos sido adoptados como hijos, sino que hemos sido puestos bajo el cuidado de un Pastor perfecto, que no descansa hasta rescatarnos, protegernos y guiarnos hacia la vida eterna.
Hermanos, ser ovejas de Cristo es el mayor de los privilegios. Contamos con un Pastor que vela por nosotros, que nos protege de los lobos, que sana nuestras heridas y que incluso entregó su vida para salvarnos. Si Él no escatimó en darnos a su propio Hijo, ¿cómo no nos dará también con Él todas las cosas?
¡Creciendo juntos!

José Miguel Olave
Pastor de Adoración y Artes
