UN CLAMOR PROFUNDO
“Jehová Dios mío, en ti he confiado; sálveme de todos los que me persiguen, y líbrame, no sea que desgarren mi alma cual león, y me destrocen sin que haya quien me libre.”
Salmos 7:1-2
Los días son malos, llenos de dolor, de violencia, engaño y pasiones descontroladas. Este tipo de situaciones ponen muy nerviosos a la gente. Y aun a los creyentes que muestran angustia e inseguridad en sus vidas.
Dios no hizo el mal. Este ha existido desde la rebelión de Luzbel en el cielo (Isaías 14:12-15; Ezequiel 28:12-17), donde se introdujo el mal moral. Y también cuando Adán y Eva desobedecieron a Dios (Génesis 3), indujeron el pecado y la corrupción en la tierra.
Los días que vivimos son características que anticipan un juicio de Dios. Así fueron los días previos al diluvio: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.” (Génesis 6:5). Esto fue precisamente en los días de Noé y anticipando el diluvio. Hay que recordar que el Señor Jesucristo lo mencionó en el discurso del Monte de los Olivos: “Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dándose en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca.” (Mateo 24:37-38)
¿Qué debe de hacer un creyente, hijo de Dios, en estas circunstancias que vivimos? Creo que David, a pesar de que sus vivencias eran un poco distintas a las nuestras; pero no estaba libre de la angustia, la preocupación y la inseguridad; de allí que nos enseña que:
1. MI CONFIANZA ESTÁ EN DIOS. Los seres humanos se han preocupado por asegurar su vida de diferentes formas y maneras, todas ellas vulnerables. La mejor seguridad está en la absoluta confianza en Dios: “Jehová Dios mío, en ti he confiado” (Salmos 7:1a). La prioridad de David no es el enemigo ni cuán malo era. Su determinación es haber colocado su confianza en Dios. Y en él espera.
Nos toca como creyentes buscar al Señor en todo momento, depositar nuestra confianza en Dios. Hay que recordar lo que dice Dios en (Jeremías 17:5), “El Señor dice: Maldito aquel que aparta de mí su corazón, que pone su confianza en los hombres y en ellos busca apoyo.”
2. MI DEFENSA ES DIOS. Todos los días salimos a las calles. Todos los días corremos el riesgo de sufrir asaltos, robos, o de sufrir atentados. Y no podemos dejar de trabajar y de hacer nuestras labores cotidianas. Tampoco podemos armarnos y decir, ya estamos seguros; lo que debemos de decir es: “sálveme de todos los que me persiguen, y líbrame, no sea que desgarren mi alma cual león, y me destrocen sin que haya quien me libre.” (Salmos 7:1-2). La expresión del salmista es líbrame, como lo mencionó en otros salmos, Tú eres mi alto refugio, allí donde nadie me alcance, allí estaré seguro.
Como creyentes que somos, hijos de Dios, no dejemos que nuestra confianza se desplace a las seguridades relativas de los seres humanos. Si no que oremos, seamos convencidos por estas palabras y establezcamos confianza en el señor.
¡Con la expectativa de verte!

Vicente Alcántara Ulloa
Pastor Supervisor
