BENDECIDOS LOS QUE NO VIERON, Y CREYERON
“Jesús les dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron”
(Juan 20:29)
No hay mejor ejemplo de esto que los discípulos después de la resurrección del Señor:
“Cuando vieron a Jesús, lo adoraron, ¡Pero algunos de ellos dudaban!
(Mateo 28:17)
Tomás que no había estado con los demás apósteles, éstos le comunicaron que habían visto al Señor:
“Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Él les dijo. Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré”
(Juan 20:25)
Después de ocho días Tomás estaba junto con los discípulos y Jesús se les aparece y le expresa a Tomás que haga lo que había deseado y que no sea incrédulo sino creyente,
“Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío!”
(Juan 20:28)
¡Hermanos!
– La fe que procede del ver es buena; pero la fe que procede del oír es más excelente:
“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios”
(Romanos 10:17)
– Tomás hubiera debido creer sin haber visto. Para provecho de quienes iban a llegar a creer en Jesús en los años venideros.
– En medio de grandes pruebas, es normal sentirse aislado, desilusionado y desvalido. Sin embargo, hermano recuerda que no estás solo. Aunque pudiera parecer como que toda esperanza ha desaparecido, resulta esencial que confíes en que tu Salvador estará siempre contigo:
“Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará, no temas ni te intimides”
(Deuteronomio 3:8)
– Aunque Jesús les había advertido lo que iba a suceder, no lo comprendieron por completo. Así que cuando vieron en la cruz a su amado Maestro, cedieron a la desesperanza.
Tres días más tarde, Él resucitó de los muertos y no solo restauró la fe de los discípulos, sino que la aumentó. No obstante, qué diferente habría sido el tiempo entre la crucifixión y la resurrección para ellos si simplemente se hubieran aferrado a las promesas del Salvador.
Habrá dificultades cuando Dios no le provea las respuestas, pero Él le consolará diciendo: “Confía en lo que he dicho”. No te rindas a la oscuridad del momento, sino aférrate a la Palabra de Dios y pronto verás tus esperanzas.
¡Amado hermano!
La historia de Tomás nos anima a reconocer que todos podemos tener momentos de duda en nuestra fe, pero también nos muestra la paciencia y misericordia de Jesús hacia nosotros. Para superar la incredulidad debemos tener un encuentro personal con Jesús como lo tuvo Tomás después de Su resurrección. Esto nos invita a tomar decisiones basadas en la fe y disipando nuestras dudas y temores.
¿Compartes la verdad del evangelio con amor y misericordia, buscando siempre ayudar a dejar su incredulidad y encontrar la fe en Jesús?
Destruyendo barreras

José Cabanillas
Pastor Asistente
